miércoles, 10 de agosto de 2016

Bienvenidos al Antropoceno


Bienvenidos al Antropoceno

El impacto de nuestra especie sobre el planeta ha llevado a muchos expertos a afirmar que hemos entrado en un nuevo tiempo geológico, el Antropoceno.
Joana Branco


Luces de noche
 VER GALERÍALa Tierra vista desde el espacio 2016
Como si de las páginas de un libro se tratara, las rocas cuentan historias. Cada uno de sus estratos encapsula relatos que contienen información sobre las moléculas que existían en la atmósfera de épocas pasadas, la temperatura que hacía, los animales y plantas que vivían entonces y los hábitats que ocupaban. Cada capítulo empieza desde cero, con un cambio completo de ambientes, de trama y de personajes. Comienzos abruptos y finales violentos que permiten definir la serie jerárquica de divisiones del tiempo geológico, reflejo de los principales acontecimientos de la historia del planeta.
De acuerdo con la Comisión Internacional de Estratigrafía (ICS, por sus siglas en inglés), el órgano responsable de establecer esos límites formales, el presente se sitúa en la época conocida como Holoceno, que a su vez se integra dentro del período cuaternario (iniciado hace 2,5 millones de años), en la era cenozoica (66 millones de años) y dentro del eón fanerozoico (541 millones de años), que marca el inicio de la expansión de la vida.
El Pleistoceno dio paso a la segunda época cuaternaria, el Holoceno, que empezó hace 11.700 años y en la que el Homo sapiens desarrolló la agricultura, domesticó animales, creó herramientas cada vez más complejas, construyó asentamientos urbanos y empezó a alterar el medio ambiente a gran escala. Como consecuencia, la huella dejada por nuestra especie es hoy tan profunda que un número cada vez mayor de científicos cree que ya hemos entrado en una tercera época del Cuaternario: el Antropoceno.
“Usé esta palabra por primera vez en 2000 durante una conferencia”, recuerda el químico atmosférico y ganador del Premio Nobel Paul Crutzen. Y añade: “Hablábamos de las alteraciones que ha sufrido el planeta y alguien mencionó el Holoceno. Pero el mundo ha cambiado tanto que no me parecía correcto seguir hablando de él. En el fragor del momento se me ocurrió decir que estamos en el Antropoceno, y la idea cuajó”.
En la actualidad, este neologismo aparece en cientos de estudios y en el nombre de tres revistas científicas. Jan Zalasiewicz, geólogo de la Universidad de Leicester, recuerda que “el Antropoceno empezó a aparecer en publicaciones serias. Fue algo inaudito en el mundo de las escalas geológicas. Comprobé que la mayoría de mis colegas opinaba que el término era adecuado”.
Pero ¿hay algo realmente nuevo en el actual capítulo de la historia de la Tierra? “Episodios de calentamiento global, acidificación de los océanos o extinciones en masa han ocurrido mucho antes de que los humanos llegaran al planeta”, aclara Zalasiewicz. Philip Gibbard, exjefe del panel internacional de la ICS que supervisa el Cuaternario, se dio cuenta de que necesitaban “estudiar si la formalización del Antropoceno estaba o no justificada”. Así, en 2009 se formó el Anthropocene Working Group (AWG), liderado por Zalasiewicz y cuyo fin es, según este, “evaluar si hay datos que justifiquen añadir una nueva unidad de tiempo a la escala geológica”.

Contaminación marina

Más poderosos que el viento y las olas

El tema es complejo. “Durante más de dos siglos, la comunidad geocientífica ha aceptado el axioma de que el presente es la clave del pasado geológico”, explica James Syvitski, miembro del AWG y líder del Programa Internacional Geosfera-Biosfera. “Sin embargo, si el Antropoceno demuestra que la huella humana domina la señal de muchos de los fenómenos geológicos relevantes–por ejemplo, que movemos más sedimentos que glaciares, vientos, olas y ríos combinados– estamos ante un concepto revolucionario. El hombre como fuerza geológica, capaz de cambiar al planeta”.
Para definir una unidad de tiempo geológico hay que determinar su límite más antiguo, o sea, su inicio. El periodo carbonífero, por ejemplo, empezó hace 360 millones de años, un hito señalado por la aparición del carbón. Así que los científicos deben encontrar un punto donde haya surgido algún material –roca o hielo de un glaciar, por ejemplo– para fijar un patrón o GSSP (del inglés Global Boundary Stratotype Section and Point) que se señala con un clavo dorado, hundido en la roca, con el propósito de indicar el estratotipo en cuestión
En los acantilados de la playa de Itzurun, en Zumaia (Guipúzcoa), dos clavos dorados marcan el límite geocronológico daniense/selandiense (61,1 millones de años) y el límite selandiense/thanetiense (58,7 millones de años).Y no son los únicos localizados en territorio español. En la playa de Gorrondatxe, en Getxo (Vizcaya), se encuentra el estratotipo del Luteciense (47,8-40,4 millones de años); en Fuentelsaz (Guadalajara), una sección con más de 175 millones de años señala el piso aaleniense; y, desde el 27 de noviembre de 2015, la cantera de margas de Olazagutía, un paraje situado en la sierra de Urbasa (Navarra), luce el clavo dorado referente mundial para la base del piso santoniense.
Definir un GSSP para el Antropoceno es una tarea atípica, porque no se trata de estudiar el pasado, sino más bien de predecir el futuro. Nadie niega la magnitud del impacto humano en el planeta, pero no es fácil determinar si quedará constancia a escala geológica. Si mañana nuestra especie desaparece, dentro de un millón de años, ¿habrá rastro de nuestra presencia?
Según Zalasiewicz, “los geólogos bromean sobre la capa de latas de Coca-Cola fosilizadas que dejaremos. Pero, por muy drásticos que sean los efectos a escala local, determinar una nueva época exige pruebas globales y geológicamente significativas”. Se trata de dar con marcadores químicos o fósiles que permitan distinguir los cambios entre épocas dentro de millones de años, cuando nuestro mundo ya no exista. Aunque no forma parte del AWG, Crutzen no deja de opinar al respecto, y cree que algunas señales cumplen de sobra con los requisitos. En un artículo publicado en Nature afirma que la emisión de gases contaminantes ha alterado tanto la atmósfera que el clima global se apartará de sus patrones naturales durante milenios. La perturbación será fácil de detectar en un futuro lejano.
Del AWG no hay aún una declaración formal, pero muchos de sus integrantes están de acuerdo con Crutzen, a la luz de algunos artículos recientes. En uno de ellos, publicado en Science, se afirma sin tapujos que hemos empezado una nueva época. Según su principal autor, Colin Waters, del British Geological Survey, “para formalizar el Antropoceno debemos evaluar si la magnitud de los cambios registrados es suficiente. Después de comparar lo que observamos en la actualidad con las alteraciones que dieron origen al Holoceno, estamos convencidos de que es así”. Zalasiewicz, que también participó en el estudio, añade que ahora hay que establecer el inicio del nuevo periodo geológico. Ya hay varias propuestas, pero pocas cumplen con los requisitos necesarios.

Deshielo

Del colonialismo a la bomba atómica

Una de las hipótesis más aceptadas es la de William Ruddiman, paleoclimatólogo de la Universidad de Virginia, quien afirma que el Antropoceno empezó hace 8.000 años, después de la revolución neolítica, cuandoel ser humano desarrolló la agricultura y la ganadería, se hizo sedentario y empezó a talar bosques para sus cultivos. “Estas actividades tuvieron efectos notables en el clima al liberar enormes cantidades de gases de efecto invernadero, mucho antes de que se empezaran a utilizar combustibles fósiles”, explica Ruddiman.
Otros expertos han propuesto fechas tan dispares como el año 1610, cuando se produjo un notable descenso de CO2 en la atmósfera a consecuencia de la colonización de América por los europeos, que mermó la población indígena y la agricultura en la zona; el inicio de la Revolución Industrial, a finales del siglo XVIII; la detonación de la primera bomba atómica –16 de julio de 1945–; o el inicio de la gran aceleración, el periodo de bonanza económica a partir de 1950, marcado por un boom poblacional y muchas alteraciones en los procesos naturales.
Según Waters, la mayoría de los expertos del AWG apuesta por alguna fecha a mediados del siglo XX: “Además del cambio climático, durante las últimas décadas han proliferado nuevos materiales que no existen en la naturaleza, como el aluminio o el plástico, que dejarán una huella significativa en los sedimentos. Por otra parte, la construcción de carreteras y grandes presas ha alterado los regímenes de sedimentación de zonas muy extensas, con patrones que serán visibles dentro de millones de años. Pocos ponen en duda que estemos viviendo un nuevo intervalo geológico, aunque todavía hay cierta discusión sobre si el Antropoceno debe ser una unidad formal”.
Entre los reticentes se encuentra Gibbard, uno de los fundadores del AWG. “No estoy convencido. Las interacciones que mantenemos con nuestro entorno son cada vez más complejas pero, desde una perspectiva geológica, creo que lo que está sucediendo es la continuación lógica de los impactos causados por un aumento gradual de la población humana desde principios del Holoceno. No estoy a favor de que se defina al Antropoceno como una división del tiempo geológico”. También según algunos expertos, en esta discusión hay una cuestión lingüística clave que se está ignorando: “Copérnico desplazó al ser humano de su lugar privilegiado en medio del universo. El Antropoceno vuelve a situarlo en el centro”, dice la historiadora de la ciencia y miembro del AWG Naomi Oreskes.

Testigos de una transición compleja

Y es que, mientras que la contemplación de la escala geológica pone de manifiesto la pequeñez de la especie humana, definir una época en función del Anthropos –‘el hombre’– nos otorga un nuevo papel, el de responsables absolutos del destino del planeta Tierra. Esta visión del mundo tendrá indudables implicaciones sociales, políticas, científicas e incluso económicas. “Es una cuestión compleja que no debe afectar a nuestra toma de decisiones y que compete más bien a los políticos”, argumenta Waters.
“Debemos diferenciar los enfoques”, defiende Syvitski. “El interés por las implicaciones sociales del Antropoceno –continúa– es independiente de la investigación en los aspectos geológicos. Por desgracia, la comunidad científica y la de humanidades rara vez hablan entre sí y no se aprovecha la oportunidad de alertar sobre los riesgos que comportan las tendencias actuales”.
Oreskes comparte esta opinión: “Somos testigos de una transición compleja. Queremos que todo el mundo participe en el debate, pero no es nuestro papel juzgar sus implicaciones”. Sea como fuere, la civilización, tal como la conocemos, ha pasado a la historia. Si no se introducen cambios y no se afrontan los problemas que se encuentran en el origen de este nuevo término, es posible que nuestra especie y otras muchas estén condenadas. Las conclusiones a las que lleguen los expertos del AWG condicionarán la forma de gestionar el planeta en los años por venir.
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