martes, 16 de agosto de 2016

Las paradojas del cosmos

LA CIENCIA DE LA SEMANA
Las paradojas del cosmos
La materia perdida del cosmos y los agujeros negros del pasado remoto no sólo revelan nuestra profunda ignorancia, sino que marcan el camino hacia el conocimiento futuro
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Recreación de un quasar. TELESCOPIO ESPACIO HUBBLE

Las paradojas son el gran motor de la ciencia. El descubrimiento seminal de Kepler –que los planetas siguen órbitas elípticas en torno al Sol— planteó una de las primeras en la historia del conocimiento moderno: ¿Por qué aquellas luces oscilantes en el cielo del ocaso seguían elipses, esas curvas tan artificiosas estudiadas por los griegos, en lugar del más rotundo, simétrico y primordial círculo que ya conocían los pueblos paleolíticos? Y la percepción genial de Galileo, que la piedra y la pluma caen con la misma aceleración, planteó la segunda: ¿Por qué demonios los objetos más masivos no caen más deprisa, como dictaban el sentido común y Aristóteles? Cuando Newton resolvió ambas paradojas con su teoría de la gravedad, desató una revolución que creó el mundo en que vivimos.
Las paradojas actuales marcan también el camino hacia el conocimiento futuro. Una de las mayores de la física actual es la inmensidad de lo que ignoramos sobre la cuestión más básica imaginable: de qué está hecho el mundo. La física es una ciencia tan admirable que puede cuantificar con precisión la estructura de esa ignorancia nuestra: la materia común, como tú y yo y las estrellas que pueblan el cielo nocturno, eso que solemos llamar “todo”, supone nada más que un miserable 5% del “todo” real. Las cosas que realmente pesan en el universo conocido son dos profundos misterios, la materia oscura (25%) y la energía oscura (70%). Y además de todo eso, ni siquiera podemos ver la mitad de la materia ordinaria, ese 5% que sabemos que existe (estaba allí poco después del Big Bang), pero que se ha revelado como un maestro del camuflaje.
Puede considerarse una exhibición de nuestro analfabetismo cósmico –y lo es—, pero también demuestra el gran poder de nuestro razonamiento, que ya es 20 veces superior a nuestra intuición aristotélica. Y subiendo.
Si has leído hasta aquí, no puedes perderte las dos excelentes crónicas que lleva esta semana Materia (1 y 2) sobre los enigmas más profundos del cosmos, las observaciones y objetos paradójicos, como los agujeros negros, que marcan ahora el camino hacia el entendimiento futuro. Deja de leer newsletters y métete en materia.
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