martes, 2 de agosto de 2016

Lectura – El eclipse

Lectura – El eclipse
Carlos Mujica |junio 28, 2016
Nada del ayer en mi medio me fue extraño. He vivido siempre con una porción de realidad mía, de mí. Y otra porción de realidad foránea, de fuera, extraña. Narro todo lo acontecido como si estuviese participando de lo que acontece. El eclipse de Sol que se produjo antes de mi nacimiento; mi madre era muy expresiva y locuaz, y en sus palabras siempre elocuentes me lo contó todo. El año del fenómeno se produjo antes de que el siglo XX cumpliera sus veinte años. Las dimensiones del suceso cobran realidad real en el habla. Narraba como si las cosas se encontrasen en activo desarrollo.
El Sol dio inicio al período de ocultamiento en un luminoso día de ardiente temperatura. Las gallinas en las casas, con su intuitiva inteligencia, con un extraño y advertido cacareo, antes de que la sombre oscura del eclipse las arropara, se habían enterado del suceso y lo manifestaban. Avisadas como lo habían hecho, todas se fueron a sus dormitorios. El gallo, en último término, las siguió erguidamente como si cuidase de que todas se protegieran en el refugio de sueño.
Los cerdos y el ganado cautelosos decidieron echarse y ya no hubo más claridad. Noveleros, como siempre hemos sido los humanos, la gente prefirió pasar la noche del eclipse entre alardes, comentarios y premoniciones en los patios y en plena calle. La improvisada habladuría giró en torno al temor, al miedo, a las consecuencias, a las imprevisiones. La noche de un eclipse nunca es larga. Su tiempo de duración había correspondido al que cada persona le asignara. Volvió el día con su luminosidad alegre y coqueta y la sombra nocturna que ocultó el disco solar fugazmente desapareció. El gallo anuncio el amanecer del eclipse con un fuerte aletear y el onomatopeyado ¡quiquiriquí! de su canto. Las gallinas incorporadas a la parvada manifestaban con su cacareo su novelera alegría. Todas se fueron colocando ante el gallo que les hacía el servicio del amor. El ganado y los cerdos abandonaron su estado yaciente. Todo había vuelto a la cotidianidad; es decir, que cada cual se ocupaba de dedicar su tiempo a los quehaceres.
Cuento con el mismo entusiasmo de ayer el sedimento que el borrador del tiempo ha dejado en mí. Intrascendente esta narración, refleja entusiastamente una limitada visión de lo que mi madre había vivido, como toda la gente de entonces y que hablada cronicaron los habitantes de la población. Fue el suceso puro y simple de un eclipse de Sol. Literatura oral que ha sido transferida en esta crónica a narración escrita.
Carlos Mujica
carlosmujica928@yahoo.com
@carlosmujica928
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