lunes, 28 de noviembre de 2016

Caldas, el ilustrado

Caldas, el ilustrado

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·         REINALDO ROJAS
08 de noviembre de 2016 05:02 AM
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Caldas, el ilustrado
Emancipación e independencia son dos términos que se confunden cuando nos referimos al proceso histórico que nos separó políticamente de España en las dos primeras décadas del siglo XIX. Nos independizamos políticamente de España pero, ¿nos emancipamos intelectualmente de nuestra condición colonial? Los dos siglos que nos separan de aquellos acontecimientos, los hemos consumido tratando de responder a esta interrogante. Pero, ¿qué es independencia y qué es emancipación?

La independencia es, políticamente hablando, el ejercicio pleno de la soberanía. Eso es lo que se alcanza formalmente con nuestra lucha por la independencia. La emancipación es también una liberación de la tutela y de la servidumbre, pero de la servidumbre individual. En la emancipación el centro es el ser humano. Por eso, emancipación es la palabra clave de ese gran movimiento cultural, educativo y científico que se llamó la Ilustración.
No hay mejor definición de este amplio y poderoso movimiento de liberación intelectual que llegó a nuestras tierras americanas en la segunda mitad del siglo XVIII que la del filósofo alemán Inmanuel Kant quien en el opúsculo Respuesta a la pregunta ¿Qué es la Ilustración?, publicado en 1784, señala que la Ilustración es “la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad”. La minoría de edad significa incapacidad de servirse del propio entendimiento sin la guía de otro.  Y es, en este proceso de asumir el entendimiento como mayoría de edad, que aparece la emancipación.
Pensar con libertad
Pero para lograrlo, es necesario salirse de los dogmas, pensar con libertad, conquistar el derecho a hacer uso público de la razón que es el origen de la opinión pública moderna y sustentar con razones nuestras convicciones. Nuestro drama es que independizados políticamente, hemos vivido un proceso de recepción a-crítica de todas las escuelas de pensamiento que han surgido en Europa desde el positivismo a la posmodernidad, pasando por el marxismo, pero sin haber asimilado críticamente los beneficios de la Ilustración. Significa esto, que no tuvimos Ilustración en Hispanoamérica. Claro que sí la tuvimos pero no se difundió con la educación a toda la sociedad. Nuestros ilustrados fueron esa minoría que le abrió camino a la República y a la modernidad. Entre estos se destaca el neogranadino Francisco José de Caldas. Su vida es el drama de la Ilustración en América.
Francisco José de Caldas y Tenorio, nació en Popayán el 4 de octubre de 1768 y allí realizó sus estudios de Latinidad y Filosofía en el Colegio Seminario de Popayán. Con esos conocimientos el joven viaja a Bogotá en 1788, culminando en 1793 sus estudios de Derecho en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Desde que era estudiante en Popayán había demostrado inclinaciones por las matemáticas y la astronomía.
Al regresar ya graduado a Popayán, Caldas se incorpora a los negocios de su familia, que comparte con la lectura de autores como el jesuita José Gumilla y Charles Marie de La Condamine, quienes lo introducen en la maravillosa naturaleza americana motivándolo a su redescubrimiento. Su cercanía al Ecuador le permitió hacer estudios geográficos y astronómicos sobre aquellas regiones andinas. Pero necesitaba formarse en esos campos. La oportunidad le llega cuando conoce en 1801 al sabio naturalista español José Celestino Mutis, director de la Real Expedición Botánica (1783-1816) y en ese mismo año al sabio alemán Alejandro de Humboldt quien, acompañado de Aimé Bonpland, realizaba una expedición científica a lo largo del continente. Caldas quiere acompañarlos para ahondar en su formación científica, pero no lo logra. Sin embargo, Humboldt le hizo tomar conciencia de sus limitaciones pero también de las de Mutis. El sabio alemán le dio una visión más global y moderna de las ciencias que la que tenía Mutis, quien en 1806 lo incorpora a la Expedición Botánica, encargándole la dirección del recién creado Observatorio Astronómico en Bogotá. Cuando llega la crisis española y se constituye en 1810, en Bogotá, la Junta Suprema Defensora de los Derechos de Fernando VII, allí está Caldas junto a Camilo Torres y Antonio Nariño.
Continuidad

En esta nueva circunstancia Caldas trató sin éxito de darle continuidad a la Expedición Botánica. Más bien es nombrado capitán del recién formado Cuerpo de Ingenieros y funda en Medellín la Academia de Ingenieros. En 1815, Camilo Torres le propone la fundación de una Escuela Militar y la continuación del Atlas de la Nueva Granada. Sin embargo, la época era de guerra. Llega el año de 1816 y Caldas participa en la batalla de la Cuchilla del Tambo, donde cae prisionero. Trasladado a Bogotá, es fusilado el 28 de octubre de 1816. Con su muerte, la Ilustración americana había perdido a uno de sus más destacados representantes.


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