lunes, 7 de noviembre de 2016

Cosmo Noticias 07-11-16



Posted: 05 Nov 2016 09:00 AM PDT

Panorama de la Nebulosa de Carina tomado en luz infrarroja usando la cámara HAWK-I del VLT. Crédito: ESO/T. Preibisch.
Un ciclo de cuatro charlas llamado “Primavera en la Academia”, para todo público, llevará a los auditores a conocer cuatro grandes temas de la astronomía contemporánea: La Vía Láctea, astronomía y arte, búsqueda de vida en el Universo y la nueva generación de mega-telescopios.
En esta segunda presentación se explorará similitudes y diferencias entre arte y astronomía. Se mostrará cómo objetos astronómicos han influido en el arte en distintas épocas y cómo conceptos clásicamente artísticos como espacio, forma y color sirven al astrónomo en su representación del cosmos. Notamos que existe un espacio de superposición entre arte y astronomía, lo que podría permitir un diálogo fecundo entre ambas disciplinas. Queda por explorar cómo la sinergia entre arte y astronomía puede favorecer la creatividad y formación cultural y despertar la capacidad de asombro de las nuevas generaciones.
La charla “Explorando la relación entre astronomía y arte” será dictada por Ronald Mennickent Cid, Doctor en Física Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente se desempeña como Director del Departamento de Astronomía de la Universidad de Concepción e investigador del Centro de Excelencia en Astrofísica y Tecnologías Afines CATA.
Cuándo: Miércoles 9 de noviembre de 2016 a las 18:30 h.
Dónde: Academia Chilena de Ciencias. Almirante Montt 454 (cercano a Metro Bellas Artes), Santiago.
Valor: Entrada liberada, previa inscripción.


Posted: 02 Nov 2016 08:00 AM PDT
Primer mapa del cielo basado en datos de Gaia. Crédito: ESA/Gaia/DPAC. Reconocimiento: A. Moitinho & M. Barros (CENTRA – Universidad de Lisboa).

Su misión es elaborar el mapa tridimensional más detallado de la Vía Láctea. Lleva más de mil días de viaje y, por ahora, el satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA) ya ha logrado determinar el brillo y la posición exacta de 1.142 millones de estrellas. En septiembre, los responsables de Gaia han presentado sus primeros resultados.
Como preludio del catálogo más extenso que se publicará en el futuro, el extracto publicado el 14 de septiembre también presenta las distancias y los movimientos de más de dos millones de estrellas.
“Al cartografiar el cielo con una precisión nunca antes alcanzada, Gaia se sitúa a la vanguardia de la astrometría. Nos ofrece una primera impresión de los extraordinarios datos que nos esperan y revolucionará nuestra comprensión de cómo las estrellas se distribuyen y se desplazan por nuestra galaxia”, afirma Álvaro Giménez, director de ciencia de la ESA.
El satélite Gaia comenzó su labor científica en julio de 2014. Esta primera publicación se basa en los datos recopilados durante los primeros 14 meses de estudio hasta septiembre de 2015.
“El hermoso mapa que hoy publicamos muestra la densidad de estrellas medidas por Gaia en todo el firmamento y confirma la calidad de los datos recogidos durante su primer año de operaciones”, afirma Timo Prusti, científico del proyecto Gaia de la ESA.
Transformar los datos brutos en posiciones estelares útiles y fiables con un nivel de precisión sin precedentes conlleva un procedimiento extremadamente complejo, encomendado a un equipo paneuropeo de unos 450 científicos e ingenieros de software.

Veinte veces más estrellas que el mapa anterior

Además de procesar los mil millones de estrellas del catálogo, los científicos han sido capaces de ofrecer una estimación de las distancias y movimientos de unos dos millones de estrellas comunes, con los datos recogidos durante el primer año de Gaia y los anteriores catálogos estelares de la ESA, Hipparcos y Tycho-2. El nuevo catálogo obtenido es el doble de preciso y contiene casi 20 veces más estrellas que el referente astronómico anterior, el catálogo Hipparcos.
Al combinar los datos de Gaia con estos dos mapas, las observaciones ya han permitido dilucidar los efectos del paralaje y el movimiento propio. El paralaje es un pequeño desplazamiento en la posición aparente de una estrella provocado por la traslación anual de la Tierra alrededor del Sol, y el movimiento propio se debe al desplazamiento físico de las estrellas por la galaxia.


Ocultación de Plutón el 19 de julio de 2016. Crédito: B. Sicardy, P. Tanga, A. Carbognani y Rodrigo Leiva.

Conocer las posiciones y los movimientos de las estrellas resulta fundamental para estudiar las propiedades y el pasado de la Vía Láctea, pero también tiene importantes aplicaciones más cerca, por ejemplo, en el sistema solar.
En julio, Plutón pasó por delante de una estrella débil y distante, ofreciendo una oportunidad única para estudiar la atmósfera del planeta enano a medida que la estrella desaparecía y reaparecía por detrás de él. La ocultación estelar permaneció visible en una estrecha franja sobre Europa. Gracias a Gaia se pudo conocer muy pronto la posición precisa de esta estrella y orientar los telescopios en la Tierra, lo que fue clave para monitorizar con éxito el raro evento.
“El camino hasta aquí no ha estado exento de obstáculos: Gaia ha tenido que enfrentarse a desafíos técnicos y ha sido necesario llevar a cabo grandes esfuerzos de colaboración para superarlos”, admite Fred Jansen, responsable de la misión Gaia de la ESA. A pesar de las dificultades sufridas en el pasado, la misión se encuentra en el buen camino para alcanzar su objetivo: cartografiar las posiciones, distancias y movimientos de mil millones de estrellas –alrededor del 1% del contenido de la Vía Láctea– en tres dimensiones y con una precisión nunca vista.

Fuente: SINC
Posted: 03 Nov 2016 08:00 AM PDT
Ilustración artística de un planeta “globo ocular” donde el lado el lado diurno es capaz de mantener un océano. Copyright: eburacum45 (DeviantArt).

El descubrimiento de un planeta orbitando alrededor de la estrella Próxima Centauri ha sido una noticia ciertamente emocionante. Además de ser el exoplaneta más cercano al Sistema Solar, todo apunta a que es terrestre y que se ubica en la zona habitable circumestelar de la estrella. Sin embargo, el anuncio tiene su cuota de malas noticias.
Para empezar, el equipo tras el descubrimiento indicó que, dada la naturaleza de su órbita alrededor de Próxima Centauri, era probable que el planeta tuviera agua en su superficie. Pero una investigación posterior realizada por científicos de la Universidad de Marsella y el Instituto Carl Sagan muestra que la masa del exoplaneta podría consistir de hasta 50% de agua, lo que lo convertiría en un “planeta océano”.
Según los hallazgos del equipo Pale Red Dot, Próxima Centauri b (o Próxima b, para abreviar) orbita su estrella a una distancia estimada de 7 millones de km –solo el 5% de la distancia de la Tierra al Sol–, con un periodo orbital de 11 días y una rotación síncrona o una resonancia orbital de 3:2 (es decir, tres rotaciones cada dos órbitas).
Debido a lo anterior, es probable que el agua líquida esté confinada en el lado diurno del planeta (en el caso de una rotación síncrona) o en su zona tropical (en el caso de una resonancia 3:2). Además, la radiación que Próxima b recibe de su estrella enana roja sería significativamente más alta que la que recibimos en la Tierra.
No obstante, según el nuevo estudio, liderado por Bastien Brugger del Laboratorio de Astrofísica de la Universidad de Marsella, Próxima b podría contener más agua de la que se pensaba. En esta investigación, el equipo se utilizó modelos de estructura interna para calcular el radio y la masa de Próxima b.
Sus modelos se basaron en los supuestos de que Próxima b es un planeta terrestre (es decir, compuesto por materiales rocosos y minerales) y que no tiene una atmósfera masiva. Basados en estos supuestos, y la estimación de masa producida por Pale Red Dot (~1,3 veces la masa de la Tierra), concluyeron que Próxima b tiene un radio que está entre 0,94 y 1,4 veces el de la Tierra y una masa de aproximadamente 1,1 a 1,46 veces la de nuestro planeta.
“Listamos todas las composiciones que podría tener Próxima b y ejecutamos el modelo para cada una de ellas (lo que implica unas 5.000 simulaciones), dándonos cada vez el radio correspondiente del planeta. Finalmente excluimos todos los resultados que no eran compatibles con un cuerpo planetario, basándonos en las condiciones de formación del Sistema Solar (dado que no conocemos estas condiciones para el sistema Próxima Centauri). Y, por tanto, obtuvimos un rango de posibles radios para Próxima b que van desde 0,94 a 1,40 veces el radio de la Tierra”, indicó Brugger a Universe Today vía email.
Este rango de tamaños da lugar a composiciones planetarias muy diferentes. En el extremo inferior, siendo ligeramente más pequeño y un poco más masivo que la Tierra, Próxima b sería probablemente un planeta similar a Mercurio con un 65% de su masa correspondiente al núcleo. Sin embargo, en el límite superior de las estimaciones de radio y masa, probablemente la mitad de la masa de Próxima b estaría compuesta por agua.
En el caso de que el 50% de su masa total correspondiera a agua, Próxima b “sería un planeta océano, ¡con un océano líquido de 200 km de profundidad!”, dijo Brugger. “Por debajo, la presión es tan alta que el agua se convertiría en hielo, formando una capa de hielo de ~3.000 km de grosor (bajo el que habría un núcleo hecho de rocas)”.
En otras palabras, Próxima b podría ser un planeta “globo ocular” donde el lado diurno tiene una superficie con un océano líquido, mientras que el lado nocturno está cubierto de hielo. Estudios recientes han sugerido que este podría ser el caso de los planetas que orbitan dentro de las zonas habitables de las estrellas enanas rojas, donde el fijamiento por marea hace que solo un lado reciba el calor necesario para mantener agua líquida en la superficie.
Por otro lado, si tiene una resonancia orbital de 3:2, es probable que tenga un patrón de doble globo ocular –con océanos líquidos en ambos hemisferios, occidental y oriental– mientras permanezca congelado en los límites y los polos. No obstante, si las estimaciones inferiores resultan ser las correctas, entonces es probable que Próxima b sea un planeta denso y rocoso donde la presencia de agua líquida es rara en un lado y se encontraría congelada en el otro.
Ilustración artística de la superficie de Próxima b orbitando a la estrella Próxima Centauri. La estrella doble Alfa Centauri AB también aparece en la imagen, en la parte superior y a la derecha de Próxima. Crédito: ESO/M. Kornmesser.

Pero tal vez el aspecto más interesante de la investigación es que ofrece una idea de la probabilidad de que Próxima b sea habitable. Ya desde su descubrimiento, la pregunta de si el planeta puede o no soportar vida no ha tenido respuesta. Pero como Brugger explicó: “La parte interesante es que todos los casos que consideramos son compatibles con un planeta habitable. Así que si el radio del planeta es finalmente medido (en algunos meses o años), dos casos son posibles: que (i) la medición se encuentra en el rango de 0,94-1,40 y seamos capaces de obtener la composición exacta del planeta (y no solo un rango de posibilidades), o que (ii) el radio medido se encuentre fuera del rango y sabremos que el planeta no es habitable. El caso donde Próxima b es un planeta océano es particularmente interesante, debido a que esta clase de planeta no necesita una atmósfera de oxígeno y nitrógeno (como en la Tierra) para albergar vida, dado que puede desarrollarse en su enorme océano”.
Pero por supuesto, estos escenarios se basan en la suposición de que Próxima b tiene mucho en común con los planetas del Sistema Solar. También se basan en el supuesto de que el planeta tiene 1,3 masas terrestres. Hasta que el planeta pueda ser observado transitando frente a Próxima Centauri, los astrónomos no estarán seguros de cuán masivo es.
Es posible que aún quede mucho tiempo antes de determinar el tamaño exacto, composición y características superficiales de Próxima b, por no hablar acerca de si puede o no realmente soportar vida. No obstante, las investigaciones como esta son beneficiosas para ayudarnos a establecer restricciones sobre qué clase de condiciones planetarias podrían existir allí.

El artículo “Possible Internal Structures and Compositions of Proxima Centauri b” ha sido aceptado para ser publicado en The Astrophysical Journal Letters.

Posted: 04 Nov 2016 08:00 AM PDT

Pilares en el interior de la nebulosa de Carina. Las estrellas masivas que están dentro de la región de formación estelar destruyen lentamente los pilares de polvo y gas de los que nacen. Crédito: ESO/A. McLeod.

Las torres y pilares que pueden verse en las nuevas imágenes de la nebulosa de Carina son inmensas nubes de polvo y gas dentro de un centro de formación de estrellas que se encuentra, aproximadamente, a 7.500 años-luz de distancia. Los pilares de la nebulosa fueron observados por un equipo dirigido por Anna McLeod, estudiante de doctorado en ESO, utilizando el instrumento MUSE, instalado en el Very Large Telescope.
La característica que hace de MUSE un instrumento tan potente es su capacidad para crear miles de imágenes de la nebulosa a la vez, cada una en una longitud de onda de la luz diferente. Esto permite a los astrónomos trazar las propiedades químicas y físicas del material en diferentes puntos de la nebulosa.
Las imágenes que aparecen aquí se combinaron con otras que muestran estructuras similares: los famosos “Pilares de la Creación”, en la nebulosa del Águila, y con formaciones en NGC 3603. En total, se han observado diez pilares y, al hacerlo, se ha detectado un vínculo claro entre la radiación emitida por estrellas masivas cercanas y las características de los propios pilares.
En un irónico giro, una de las primeras consecuencias de la formación de una estrella masiva es que comienza a destruir la nube en la que nació. La idea de que las estrellas masivas tienen un efecto considerable en su entorno no es nueva: se sabe que estas estrellas lanzan cantidades enormes de potente radiación ionizante (emisión con la suficiente energía como para arrancar electrones de los átomos). Sin embargo, es muy difícil obtener evidencia observacional de la interacción entre estas estrellas y su entorno.
El equipo analizó el efecto de esta radiación energética en los pilares: un proceso conocido como foto-evaporación, cuando el gas es ionizado y luego se dispersa, alejándose. Observando los resultados de la foto-evaporación –que incluyó la pérdida de masa de los pilares– fueron capaces de descubrir a los culpables. Había una clara correlación entre la cantidad de radiación ionizante emitida por las estrellas cercanas y la disipación de los pilares.

Región R44 dentro de la nebulosa de Carina. Las estrellas masivas que están dentro de la región de formación estelar destruyen lentamente los pilares de polvo y gas de los que nacen. Crédito: ESO/A. McLeod.

Esto podría parecer una calamidad cósmica, con estrellas masivas destruyendo a sus propios creadores. Sin embargo, aún no se comprende bien la complejidad de los mecanismos de retroalimentación entre las estrellas y los pilares. Estos pilares pueden parecer densos, pero las nubes de polvo y gas que componen las nebulosas son realmente muy difusas. Es posible que la radiación y los vientos estelares de las estrellas masivas en realidad ayuden a crear puntos más densos dentro de los pilares que luego puedan acabar formando estrellas.
Estas impresionantes estructuras celestes tienen mucho más que contarnos, y MUSE es un instrumento ideal con el que poder demostrarlo.

El estudio “Connecting the dots: a correlation between ionising radiation and cloud mass-loss rate traced by optical integral field spectroscopy” será publicado en la edición del 11 de noviembre de 2016 de Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

Fuente: ESO


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