lunes, 28 de noviembre de 2016

El derecho a ver las estrellas

El derecho a ver las estrellas
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¿Sabías que más de un tercio de la humanidad vive en lugares donde es imposible ver la Vía Láctea? El movimiento Starlight lucha para promover espacios donde el lujo de contemplar la bóveda celeste esté al alcance de todos.
El ser humano siempre ha dirigido su mirada curiosa al cielo estrellado. Durante siglos, la contemplación del firmamento nocturno ha sido útil, ha sobrecogido y ha servido de inspiración a gente de todos los rincones del mundo.


Vivimos bajo una bóveda salpicada con miles, millones de astros, una ventana al Universo que proporciona una experiencia única al que la observa. Desgraciadamente, cada vez es más difícil disfrutar de ese privilegio. Hasta hace no demasiado tiempo, bastaba con alzar la mirada para asistir al espectáculo. Hoy en día, en nuestras sobre-iluminadas metrópolis, apenas se ven un puñado de estrellas.
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Según una investigación publicada el pasado mes de junio, el 80 % de la población mundial vive bajo cielos con una alta contaminación lumínica. El mapa elaborado muestra que más de un tercio de la humanidad no puede ver la Vía Láctea, el río blanco que atraviesa el cielo nocturno. En Europa, la proporción alcanza el 60 %, y en EE UU, el 80 %.


Mirar las estrellas invita a reflexionar sobre nuestra posición en el Universo, a relativizar sobre el tiempo y el espacio en que vivimos. Puede generar emociones análogas a las que experimentan algunos astronautas cuando ven la Tierra desde el exterior, en lo que se conoce como efecto perspectiva. El asombro y el sobrecogimiento tienen efectos psicológicos positivos, y pueden fomentar la creatividad y la capacidad de inspiración.


Desde hace algún tiempo, existen voces que reclaman el derecho a ver las estrellas, y piden que se proteja el cielo estrellado del mismo modo que se protegen espacios naturales emblemáticos, ricos o bellos.
La punta de lanza de estas voces es el movimiento Starlight, promovido por el Instituto de Astrofísica de Canarias y apoyado por la UNESCO, que lucha por preservar y poner en valor el cielo nocturno, considerándolo un importante patrimonio científico y cultural.


Una de sus iniciativas es la creación de Reservas Starlight, lugares donde "se establece un compromiso por la defensa de la calidad del cielo nocturno y el acceso a la luz de las estrellas", según la propia Fundación Starlight.
Actualmente existen ocho lugares con esta calificación: tres en Canarias, dos en Andalucía, uno en Cataluña, uno en Chile y otro en Canadá.
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Una de las reservas más particulares es la isla de La Palma. Allí se encuentra el observatorio del Roque de los Muchachos, donde se ubica el Gran Telescopio Canarias, el mayor telescopio óptico del mundo. En 1988, con el fin de proteger el observatorio, se creó la Ley del Cielo, la primera ley del mundo que busca proteger el cielo nocturno de un lugar determinado.
Gracias a esta ley, los alumbrados exteriores de toda la isla (y también los de la parte de Tenerife orientada hacia La Palma) no sobrepasan cierto límite de intensidad. Además, están especialmente controlados la contaminación atmosférica y los niveles de radiación electromagnética, que podrían interferir con los aparatos del observatorio. Por último, la ley establece limitaciones en el tráfico de aviones de la zona, declarando el espacio aéreo "Zona de protección ecológica".
Con este tipo de iniciativas, el movimiento Starlight aspira a conservar o mejorar la calidad de los cielos nocturnos del planeta. De este modo, se podrá hacer mejor ciencia y la observación astronómica con telescopios será de mayor calidad. Por otro lado, surgiránactividades relacionadas con la observación de estrellas y se fomentará un tipo de turismo sostenible. Y quizá lo más importante, se logrará que las generaciones futuras no se vean privadas de la maravillosa oportunidad de quedar fascinadas con tan solo levantar la cabeza.
Guillermo García Pedrero
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