jueves, 3 de noviembre de 2016

Venus: La paradoja de Venus: Lo que nos impide ver, nos ayuda a ver…

Venus: La paradoja de Venus: Lo que nos impide ver, nos ayuda a ver…

27 de julio de 2016

En la mitología romana Venus era la diosa de la belleza y es muy lógico que en aquellos tiempos se identificara al planeta con esta magnífica divinidad. Visto desde la Tierra el conocido “lucero del alba” se presenta brillante y majestuoso, siendo uno de los puntos en el firmamento más fáciles de identificar.
Además de su cercanía, una de las más importantes razones del intenso brillo de Venus en el cielo es su alto albedo. Esto significa que Venus refleja mucha de la luz que obtiene del Sol ya que su atmósfera está compuesta mayoritariamente de CO2 y es tan densa que casi podríamos decir que para nosotros actúa como un espejo. Paradójicamente, la razón de ese potente brillo que le confiere su belleza es también la causa por la que Venus es poco más que un infierno.
Su atmósfera densa y compacta y su desbocado efecto invernadero, ejercen una presión atmosférica 90 veces mayor que la de la Tierra y en su superficie las temperaturas pueden superar fácilmente los 450 ºC… Quizá si hubieran sabido eso, los romanos se hubieran pensado dos veces asociarlo con la deidad de la belleza.
Por supuesto otro gran inconveniente de la espesa atmósfera de Venus es que hace casi imposible estudiar su superficie desde una sonda. Durante las décadas de los ’60 y los ’70, el programa soviético Venera consiguió aterrizar algunas naves, aunque también es cierto que la mayoría enviaron algunos datos relevantes antes de estrellarse contra el suelo, sin embargo hemos de reconocer que poco podemos decir de la superficie de Venus que permanece oculta tras el velo de misterio que supone su opaca atmósfera.
Sin embargo, podrían existir formas de averiguar qué se esconde bajo el compacto manto de nubes de Venus sin tener que aterrizar en ese infierno mediante la utilización de técnicas muy imaginativas.
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Los científicos siempre han pensado que analizando los patrones meteorológicos de la gran capa de nubes en Venus se podría conocer la topografía del terreno que se encuentra bajo ellas. Ahora, y gracias a los datos recopilados por el satélite Venus Express de la ESA, podemos decir con seguridad que las nubes del planeta nos pueden ayudar a averiguar cómo es la superficie.
Los análisis se están centrando fundamentalmente en tres aspectos meteorológicos: La velocidad de circulación de los vientos, la cantidad de vapor de agua que albergan las nubes y el brillo que ofrecen esas nubes cuando se observan en luz ultravioleta.
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Utilizando los datos recogidos por Venus Express durante seis años (desde 2006 hasta 2012) los investigadores han determinado que una zona concreta de nubes que se encuentra cerca del ecuador del planeta alberga más vapor de agua que el resto de nubes de las zonas vecinas.
Esta mayor cantidad de vapor de agua se encuentra justo encima de una cadena montañosa de más de 4.500 metros de altura conocida como Aprhodite Terra, lo que indica que el aire con mayor contenido en vapor de agua es empujado por el viento a través de las cimas de esas montañas y se eleva cargando las nubes de la zona.
Estos estudios nos servirían para dos cosas básicas: La primera explicar las extrañas concentraciones de algunas nubes en determinadas regiones del planeta y, como consecuencia, poder intuir la topología de la superficie del planeta gracias al análisis de las nubes que lo ocultan.

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Nos encontramos ante los primeros indicios de que la orografía del planeta es una de las causas de su meteorología y ahora podemos afirmar que lo que hay en su superficie y lo que ocurre en nubes está directamente relacionado.
Una nueva paradoja en Venus… las nubes que ocultan su interior, podrían ser de gran ayuda para conocer lo que se esconde bajo ellas.
Referencias y más información:
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