lunes, 2 de enero de 2017

Cosmo Noticias 02-01-17



Posted: 02 Jan 2017 11:30 AM PST
Ilustración artística de una corriente en chorro en el núcleo terrestre y los satélites Swarm. Crédito: ESA.

Aunque las corrientes en chorro suelen asociarse con la atmósfera, gracias a una misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) dedicada al campo magnético terrestre, los científicos acaban de descubrir una de estas corrientes, en plena aceleración, en las profundidades de nuestro planeta.
Lanzados en 2013, los tres satélites Swarm miden y analizan los distintos campos magnéticos terrestres, procedentes del núcleo, el manto, la corteza, los océanos, la ionosfera y la magnetosfera.
La combinación de todas estas señales forma el campo magnético que nos protege de la radiación cósmica y las partículas eléctricas que nos llegan a través del viento solar.
Medir el campo magnético es una de las pocas formas en que podemos estudiar el interior de nuestro planeta. Como explica Chris Finlay, de la Universidad Técnica de Dinamarca: “Sabemos más sobre el Sol que sobre el núcleo terrestre, ya que nuestra estrella no se encuentra oculta bajo 3.000 kilómetros de roca”.
El campo magnético existe gracias a un océano de hierro fundido que conforma el núcleo externo. Al igual que el conductor de la dinamo de una bicicleta, este hierro en movimiento genera corrientes eléctricas que, a su vez, generan un campo magnético en continuo cambio.
Así, el seguimiento de estos cambios en el campo magnético permite a los investigadores analizar la forma en que se mueve el hierro en el núcleo.
La precisión de las mediciones tomadas por la constelación de satélites Swarm permite identificar por separado las distintas fuentes de magnetismo, obteniendo así una imagen mucho más clara del magnetismo del núcleo.
Un artículo recientemente publicado describe cómo las mediciones realizadas por los satélites Swarm han llevado al descubrimiento de una corriente en chorro en el núcleo terrestre.
“Gracias a Swarm, disponemos de nuevos datos sobre las dinámicas del núcleo terrestre. Además, esta es la primera vez que se ha observado esta corriente en chorro y, no solo eso, sino que también hemos entendido a qué se debe”, comenta Phil Livermore, de la Universidad de Leeds, en Reino Unido, y autor principal del estudio.
Uno de los fenómenos estudiados es un patrón de “zonas de flujo” en el hemisferio norte, principalmente bajo Alaska y Siberia.
Como explica el doctor Livermore: “Estas zonas de flujo a elevada latitud son como puntos de referencia en el campo magnético, que permiten detectar fácilmente cualquier cambio”.
Los satélites Swarm indican que estos cambios corresponden a una corriente en chorro que se mueve a más de 40 kilómetros al año, lo que triplica las velocidades normales del núcleo externo de la Tierra y que resulta cientos de miles de veces más veloz que el desplazamiento de las placas tectónicas.
“Podemos explicar este fenómeno como una banda de hierro fundido que se acelera mientras circunda el Polo Norte, de forma similar a la corriente en chorro que se produce en la atmósfera”, aclara el doctor Livermore.
Ilustración artística del agitado núcleo terrestre y del campo magnético del planeta. Crédito: ESA/AOES Medialab.

Pero, ¿qué es lo que provoca esta corriente en chorro y por qué se está acelerando con tanta rapidez?
La corriente fluye a lo largo del límite entre dos regiones del núcleo. Cuando el material del núcleo líquido llega a esta frontera desde ambos lados, una parte acaba siendo empujada lateralmente, formándose así esta corriente.
“Por supuesto, necesitamos una fuerza para mover el líquido a lo largo de esa frontera”, afirma el profesor Rainer Hollerbach, de la Universidad de Leeds. “Los desencadenantes podrían ser fenómenos relacionados con la flotabilidad o, más probablemente, cambios en el campo magnético del núcleo”.
En cuanto a lo que sucederá en el futuro, el equipo de Swarm observa expectante. Como vaticina Rune Floberghagen, director de la misión Swarm de la ESA: “Es probable que haya más sorpresas. El campo magnético está en cambio constante, por lo que podría cambiar hasta la dirección de esta corriente”.

El artículo “An accelerating high-latitude jet in Earth’s core” fue publicado en línea el 19 de diciembre de 2016 por Nature Geoscience.

Fuente: ESA
Posted: 29 Dec 2016 07:00 AM PST
Cuatro jóvenes galaxias similares a la Vía Láctea (Arriba-izquierda: ZFOURGE CDFS 467; Arriba-derecha: ZFOURGE CDFS 4409; Abajo-izquierda: ZFOURGE CDFS; Abajo-derecha: ZFO,URGE CDFS 6497). La observación del monóxido de carbono se muestra en rojo. Crédito: ALMA (ESO/NAOJ/NRAO) C. Papovich; A. Angelich (NRAO/AUI/NSF); Telescopio Espacial Hubble NASA/ESA.
Las galaxias espirales como la Vía Láctea no siempre fueron remolinos bien formados como los que vemos en el Universo hoy. Los astrónomos creen que hace unos 8 a 10 mil millones de años, los progenitores de la Vía Láctea y demás galaxias espirales similares eran estructuras más pequeñas y menos organizadas, pero increíblemente ricas en material que sirve de alimento para las estrellas en formación. Tanto así, que probablemente hayan sido verdaderas fábricas que producían estrellas más rápido que en cualquier otro período del Universo.
Ahora, gracias al Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), los astrónomos encontraron indicios que respaldan su teoría. Tras estudiar cuatro jóvenes galaxias similares a la Vía Láctea observándolas como eran hace unos 9.000 millones de años, descubrieron que todas eran extraordinariamente ricas en gas de monóxido de carbono, un material conocido por propiciar la formación de estrellas.
“Usamos ALMA para detectar versiones adolescentes de la Vía Láctea y descubrimos que efectivamente tienen cantidades mucho mayores de gas molecular, que alimentarían un rápido proceso de formación estelar”, explica Casey Papovich, astrónomo de la Texas A&M University, en College Station, y autor principal de un artículo que describe los resultados. “Estas galaxias las comparo con un adolescente que consume grandes cantidades de alimento para poder crecer”.
Pese a la extrema abundancia de gas que alimenta los procesos de formación estelar, estas galaxias aún no están del todo formadas, y son relativamente pequeñas en comparación con la Vía Láctea tal como la vemos hoy. Los nuevos datos obtenidos con ALMA indican que la mayor parte de la masa de estas galaxias está formada por el frío gas molecular más que por las estrellas. Según los astrónomos, estas observaciones ayudan a entender a cabalidad cómo evolucionó la materia en las galaxias de tamaño similar al de la Vía Láctea y cómo se formó nuestra propia galaxia.
El artículo “Large molecular gas reservoirs in ancestors of Milky Way-mass galaxies nine billion years ago” fue publicado en línea el 19 de diciembre de 2016 por Nature Astronomy.
Fuente: ALMA

¿Cuántos planetas hay en la Vía Láctea?


Posted: 28 Dec 2016 07:00 AM PST

Imagen que busca ilustrar cuán comunes son los sistemas planetarios en la Vía Láctea. Crédito: ESO/M. Kornmesser.
En una noche clara, y cuando la contaminación lumínica no es un factor importante, mirar al cielo es una experiencia asombrosa. En ocasiones como estas, es fácil verse sorprendido por la cantidad de estrellas que existen. Pero, por supuesto, lo que podemos ver cualquier noche es solo una fracción del número de estrellas que existen en nuestra galaxia.
Todavía más sorprendente es la idea de que la mayoría de estas estrellas tiene su propio sistema de planetas. Durante algún tiempo, los astrónomos creyeron que este era el caso, y las investigaciones actuales lo confirman. Y esto, naturalmente, hace surgir la pregunta de ¿cuántos planetas hay allí fuera? Solo en nuestra galaxia, seguramente, ¡debe haber miles de millones!
Planetas por estrella
Para responder esa pregunta, necesitamos analizar algunos números y explicar algunos supuestos. Primero, a pesar del descubrimiento de miles de exoplanetas, el Sistema Solar sigue siendo el único que hemos estudiado en profundidad.
Así que asumamos que los ocho planetas que hay en el Sistema Solar (sin tomar en cuenta planetas enanos, centauros, KBOs y otros cuerpos de gran tamaño) representan un promedio. El próximo paso será multiplicar ese número por la cantidad de estrellas que existen en la Vía Láctea.
Número de estrellas
Para ser claros, la cantidad real de estrellas en nuestra galaxia está sujeta a cierta controversia. Fundamentalmente, los astrónomos se ven forzados a hacer estimaciones debido al hecho de que no podemos ver la Vía Láctea desde fuera. Y dado que nuestra galaxia tiene forma de espiral barrada, es difícil para nosotros ver de un lado al otro, debido a la interferencia de la luz de sus muchas estrellas.
Los científicos estiman que la Vía Láctea contiene entre 100.000 y 400.000 millones de estrellas, aunque algunos piensan que podría haber hasta un billón.
Con base en los números ya vistos, podemos decir que la Vía Láctea tiene entre 800.000 millones y 3,2 billones de planetas, ¡con algunas estimaciones que llegan hasta 8 billones! Sin embargo, a fin de determinar cuántos de ellos son habitables, necesitamos considerar la cantidad de exoplanetas descubiertos hasta ahora para realizar un buen análisis.
Exo-planetas habitables
Al 25 de diciembre de 2016, los astrónomos habían confirmado la presencia de 3.439 exoplanetas de una lista de 4.696 candidatos potenciales (los que fueron descubiertos entre 2009 y 2015 por el telescopio Kepler). Algunos de estos planetas han sido observados directamente, aunque la gran mayoría ha sido detectada de manera indirecta usando los métodos de velocidad radial o tránsito.
En el curso de su misión, el telescopio Kepler ha observado alrededor de 150.000 estrellas, las que durante su misión inicial de cuatro años eran principalmente estrellas de clase M. También conocidas como enanas rojas, estas estrellas de baja masa y baja luminosidad son más difíciles de observar que el Sol.
Luego de esos cuatro años, Kepler entró a una nueva fase, conocida como misión K2. Durante esta fase, que comenzó en noviembre de 2013, Kepler se ha centrado en observar más estrellas de clases K y G, las que son casi tan brillantes como el Sol.


Cantidad de exoplanetas descubiertos por año. Crédito: NASA Ames/W. Stenzel, Princeton/T. Morton.

Según un estudio reciente del Centro de Investigación Ames de la NASA, Kepler descubrió que alrededor del 24% de las estrellas de clase M pueden albergar planetas de tamaño terrestre[1] potencialmente habitables. Basados en la cantidad de estrellas de clase M en la galaxia, estas contendrían unos 10.000 millones de mundos potencialmente habitables similares a la Tierra.
Mientras, el análisis de los datos de la fase K2 sugiere que aproximadamente un cuarto de las estrellas más grandes que se han estudiado también pueden tener planetas de tamaño terrestre orbitando en sus zonas habitables. En conjunto, las estrellas observadas por Kepler constituyen cerca del 70% que se puede encontrar en la Vía Láctea. Así que podemos estimar que hay, literalmente, decenas de miles de millones de planetas habitables sólo en nuestra galaxia.
En los años siguientes, nuevas misiones serán lanzadas, como el Telescopio Espacial James Webb (JWST) y el telescopio Transitting Exoplanet Survey Satellite (TESS). Estas misiones serán capaces de detectar planetas más pequeños orbitando estrellas más tenues y, quizá, incluso determinar si hay vida en alguno de ellos.
Una vez que estas y otras misiones comience, tendremos mejores estimaciones del tamaño y cantidad de planetas que orbitan una estrella típica, y seremos capaces de realizar mejores cálculos de cuántos planetas existen en la galaxia. Pero hasta entonces, los números siguen siendo alentadores, ya que indican que las posibilidades de que existan seres extraterrestres inteligentes son altas.
[1] Se considera planetas de tamaño terrestre aquellos que tienen menos de 1,6 veces el radio de la Tierra.
Fuente: Universe Today

Posted: 30 Dec 2016 07:00 AM PST

El cielo de la Región de Coquimbo es tal vez uno de los patrimonios naturales menos conocidos y apreciados por los chilenos a pesar que su calidad, y es un atractivo para miles de turistas y para los consorcios internacionales más importantes de astronomía.
Por tal motivo, el periodista Manuel Paredes lanzó el primer libro de astrofotografía y fotografía nocturna producido enteramente en Chile, como un esfuerzo por dar a conocer la maravilla de los cielos de la Región de Coquimbo entre los estudiantes de la zona.
“Más allá de las estrellas” contiene innumerables imágenes de los cielos de la Cuarta Región tomadas en distintos escenarios y contó con la colaboración de fotografías aportadas por el astrofotógrafo Hernán Stockebrand, y los astrónomos Rodolfo Barbá, Julia Arias, Rodrigo Carrasco y Erich Wenderoth.
El autor indicó que la obra es “una invitación a levantar la cabeza; a mirar y apreciar esta maravilla de cielo. En esta vida actual, cada vez quedan menos cosas gratuitas, pero el cielo aún está disponible libremente para todos”.
El proyecto del libro fue concebido con la idea de imprimirle un sello de gratuidad. Por tal motivo, “Más allá de las Estrellas” se está distribuyendo en forma gratuita entre las bibliotecas de los colegios de la Región de Coquimbo, así como también entre las bibliotecas públicas de la red de la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos (DIBAM) en la misma zona.
Al respecto el autor destacó esta característica del libro y fue enfático en criticar el impuesto a los libros: “La difusión de la cultura, el desarrollo de las artes, la preservación de nuestro patrimonio, a mi entender, no debe someterse a ninguna tasa impositiva. Entretanto, ‘Más allá de las estrellas’ es la espada de mi lucha personal contra el impuesto sobre los libros. Siempre he creído en combatir con mi pluma en vez de espadas”, precisó.
La producción e impresión del libro fue financiada enteramente por el Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura (Fondart) regional, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes Región de Coquimbo.

Además, cuenta con una versión en línea disponible para computadores, tablets o smartphones en www.masalladelasestrellas.cl.
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