miércoles, 1 de febrero de 2017

Astronoticias 01-02-17

Astronoticias.
¿Qué tan rápido se está expandiendo el universo? Los cuásares
proporcionan una respuesta.
How fast is the universe expanding? Quasars provide an answer
by Staff Writers
Lausanne, Switzerland (SPX) Jan 27, 2017


HE0435-1223, located in the centre of this wide-field image, is among the five best lensed quasars discovered to date. The foreground galaxy creates four almost evenly distributed images of the distant quasar around it. Image courtesy ESA/Hubble, NASA, Suyu et al.
The H0LiCOW collaboration, a cosmology project led by EPFL and Max Planck Institute and regrouping several research organizations in the world has made a new measurement of the Hubble constant, which indicates how fast the universe is expanding. The new measurement challenges some of the most recent ones, potentially pointing towards new physics beyond the standard cosmological model.
Measuring how far objects are across space has led to great discoveries, for example that our universe is expanding. The rate of this expansion is determined by the current Standard Cosmological Model, "Lambda CDM", which puts the current expansion rate at about 72 km per second per megaparsec (a megaparsec is about 3.3 million light-years).
This rate is called the "Hubble constant", H0, and has been constantly refined for almost a century: a high-precision measurement of H0 has profound implication both in cosmology and in physics. Now, the H0LiCOW collaboration has used new tools to independently calculate the all-important Hubble constant with 3.8% precision.
The new figure agrees with recent independent studies, which are however in tension with the predictions of the Standard Cosmological Model, potentially pointing towards new physics. The work is published in five papers in the Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

A history of expansion


The expansion of the Universe, based on the idea that the Universe originated with the Big Bang, was first proposed by the Belgian cosmologist Georges Lemaitre. At around the same time, in the late 1920's, the astronomer Edwin Hubble was studying galaxies moving away from the Milky Way, and noticed that those farthest from Earth seemed to be moving faster.
What he was actually observing was the Universe expanding, and he set out to calculate its rate. Hubble's observations uncovered a constant that quantified this expansion, and which was later going to be named "the Hubble constant".
Over the years, measurements of H0 have been refined with ever-improving telescopes and more sensitive measuring tools. These tools include the Hubble telescope, which made measurements on Cepheid stars, a type of extremely bright star that pulsates radially in a predictable way, as well as exploding stars called supernovae. Another way of measuring the rate of the Universe's expansion is to use the cosmic microwave background (CMB): the almost constant background temperature across the universe known as the "afterglow" or "fossil radiation" of the Big Bang.

Quasars: a new measurement for the Hubble constant


The H0LiCOW collaboration has now independently measured the Hubble constant, exploiting a cosmic phenomenon called "gravitational lensing", whereby the enormous mass of galaxies bends spacetime. Galaxies act as lenses that can magnify and distort the normally faint image from objects further away. They can also produce several "lensed" images of the original objects, making them appear multiple.
To measure the Hubble constant, the scientists studied the light coming from five quasars seen multiple due to gravitational lensing from foreground galaxies. Quasars are supermassive black holes at the centers of galaxies and radiate huge amounts of electromagnetic energy.
The luminosity of quasars shows random variations over the years resulting in an apparent flickering of their intensity. This flickering is seen delayed in each lensed image of the quasar because the light takes different paths in each image. But the distance that the quasar light travels in each image depends of the expansion of the Universe, set by the Hubble constant.
As a consequence, measuring the time-delay between the lensed images of quasars provides a way to determine the Hubble constant. The H0LiCOW collaborators are world leaders in such measurements, notably though their COSMOGRAIL program using mainly the Swiss 1.2m telescope located in the Chilean Andes on the site of the European Southern Observatory.
Using this technique, the Hubble constant is measured with 3.8% accuracy within the framework of the Standard Cosmological Model. This is an independent measurement, since three strongly lensed quasars are enough to provide what the scientists call a standalone, "Time-Delay-Strong-Lensing cosmological probe".
The findings agree with the most recent measurements of the Hubble constant in the local Universe using Cepheids and supernovae. But they also disagree significantly with the much-publicized cosmic microwave background measurements made with the Planck satellite in 2015.
"The tension between local and CMB measurements of the Hubble constant is strengthened by the new strong lensing observations," says Frederic Courbin at EPFL's Laboratory of Astrophysics, which is part of H0LiCOW. "The tension can be caused by new physics beyond the Standard Cosmological Model, in particular new forms of dark energy."
Viernes, 27 enero 2017
Astronáutica
La ESA lanzará Solar Orbiter y Juice para estudiar los entornos más extremos del Sistema Solar


En los próximos años, la ESA va a lanzar sendas misiones para estudiar los entornos más extremos del Sistema Solar. La primera en despegar será Solar Orbiter, en octubre de 2018, y su objetivo será observar la actividad del Sol y su influencia en el entorno interplanetario. Después, en 2022, despegará JUICE (Jupiter Icy Moons Explorer), que se dedicará a estudiar el sistema de Júpiter y, especialmente, sus tres lunas heladas, Europa, Ganímedes y Calisto. Las operaciones científicas de ambas misiones se llevarán a cabo en  ESAC, el Centro de Astronomía Espacial de la ESA, situado en Villanueva de la Cañada, Madrid (España).
Solar Orbiter es, en palabras de Luis Sánchez, jefe de desarrollo de Operaciones de Ciencia del orbitador, “una misión clave para entender la relación entre el Sol y la Tierra”. Entre sus principales objetivos figura establecer una relación entre los fenómenos solares y las perturbaciones que éstos crean en el espacio entre la estrella y la Tierra y observar los polos del Sol para poder entender el funcionamiento de los ciclos de actividad solar. “Si entendemos mejor los fenómenos solares y el medio interplanetario, entenderemos mejor la climatología espacial”, explica Sánchez, y se podrán hacer predicciones más precisas.
El ciclo de actividad solar todavía es uno de los grandes desconocidos del estudio de la estrella. Luis Sánchez apunta que “tenemos conocimientos fenomenológicos, porque los hemos medido desde 1840, pero los mecanismos físicos no se conocen con detalle”. Ni siquiera está muy claro que el ciclo tenga realmente una duración de once años. Javier Rodríguez-Pacheco, investigador principal del instrumento EPD, explica, por ejemplo, que uno de los puntos que se está estudiando es “la influencia en el clima terrestre del ciclo de actividad solar”. Cuando el ciclo tiene una baja actividad (medida según la aparición de manchas solares en su superficie), puede haber consecuencias en la Tierra, con periodos climáticos más fríos, pero Rodríguez-Pacheco apunta que “hace falta tener modelos más precisos para hacer mejores predicciones”.
Tanto Rodríguez-Pacheco como Sánchez señalan que, actualmente, las predicciones más exactas que se pueden hacer es que un ciclo de actividad va a ser igual a otro, y Solar Orbiter intentará ofrecer más información para mejorar esos modelos. Con su observación de los polos de la estrella, por ejemplo, los científicos podrán tener modelos de la capa de convección solar que no se restrijan sólo al ecuador. Porque, como explica Luis Sánchez, lo que sí se sabe es que “los movimientos de material en el interior del Sol dirigen el ciclo de actividad”.


Solar Orbiter & JUICE. (Foto: ESA)
Para ello, Solar Orbiter estará tres años y medio observando la estrella y su entorno, a partir de 2021, y se aproximará en el perihelio a 42 millones de kilómetros del Sol, más cerca que la órbita de Mercurio. Esta cercanía a la estrella, y su intenso entorno de radiación, trece veces superior a lo habitual, ha supuesto grandes desafíos tecnológicos para el diseño del satélite. Por ejemplo, el escudo térmico ha requerido el desarrollo de nueva tecnología, sobre todo porque Solar Orbiter va a estar apuntando constantemente al Sol. Dicho escudo está fabricado con varias capas, separadas por colchones de aire, y su capa más externa está realizada con un nuevo material basado en cenizas. Además, en el escudo tiene que haber aberturas para los seis telescopios que van a observar el Sol, y éstos, a su vez, tienen que estar preparados para operar en el fuerte entorno de radiación.
Además de estos seis instrumentos, Solar Orbiter lleva otros cuatro que se dedicarán a observar el entorno interplanetario y las perturbaciones que la actividad solar crea en él.
La antena de 35 metros de Cebreros, tendrá un papel muy importante en esta misión, será una de las que reciba los datos de Solar Orbiter, junto con el resto de antenas de espacio profundo de la ESA.
En el Sistema Solar, el otro objeto de mayores dimensiones, y con un campo magnético sólo por debajo del solar, es Júpiter, que es el objetivo de la misión JUICE. Su propósito es averiguar “si la vida tal y como la conocemos podría desarrollarse no sólo en las zonas más frías (del espacio), sino en las lunas heladas alrededor de planetas gigantes”, explica Claire Vallat, científica de operaciones de la misión. Para ello, la sonda va a estudiar las tres lunas heladas de Júpiter, Europa, Ganímedes y Calisto, de las que se han detectado indicios de que poseen océanos subterráneos, y que las fuerzas de marea generadas por la gravedad de Júpiter provocan en ellas actividad geológica de diferentes tipos.
El descubrimiento de exo-planetas con una distribución de masa similar a la del sistema joviano, y de hábitats marinos en la Tierra en los que hay formas de vida que no necesitan fotosíntesis, son dos de las grandes motivaciones para la puesta en marcha de JUICE, que es la primera misión del Sistema Solar exterior que lidera la ESA. Vallat señala que la sonda “observará Júpiter, por un lado, y las tres lunas heladas por otro”, y tendrá por ello dos perfiles a lo largo de su fase de operaciones científicas, una vez que entre en órbita de Júpiter en 2029. Primero, en 2030, realizará dos sobrevuelos cercanos de Europa, a unos 400 kilómetros de su superficie y después, hasta mediados de 2031, observará las altas latitudes de Júpiter. A partir de 2032, JUICE pasará a orbitar Ganímedes hasta 2033, fecha prevista del final de la misión.
El diseño de las trayectorias de la misión, que aún está en progreso, está muy determinado por el entorno de radiación presente en el sistema joviano. Javier Rodríguez-Pacheco explica que  “en el Sistema Solar, hay lugares en el que el entorno de radiación es mucho mayor que si nos metieramos dentro de un reactor nuclear, y Júpiter es uno de ellos”. Por su parte, Nicolas Altobelli, jefe de Desarrollo de Operaciones para JUICE, apunta que “no se sabe exactamente cuánta radiación se van a encontrar. Cuanto más cerca de Júpiter, más radiación. Por eso, los sobrevuelos de Europa se hacen seguidos, y por eso no se puede quedar en órbita de la luna, porque está demasiado cerca de Júpiter”.
Solar Orbiter y JUICE son dos misiones de la ESA que van a estudiar los entornos más calientes y más fríos del Sistema Solar a lo largo de las próximas dos décadas. La primera ofrecerá una comprensión más completa de los procesos que impulsan el ciclo de actividad del Sol, y cómo influye en el espacio interplanetario y en la Tierra, mientras la segunda ayudará a ampliar nuestros conocimientos sobre la posibilidad de que se den las condiciones necesarias para la vida en entornos, a priori, menos favorables. (Fuente: ESA)

Se crea hidrógeno metálico, "santo grial de la física de alta
presión".
27 de enero de 2017.

Más información en:
http://www.europapress.es/ciencia/laboratorio/noticia-crea-hidrogeno-metalico-santo-grialfisica-
alta-presion-20170127101331.html
26/1/2017 de Phys.org


Imagen tomada desde el aire del Observatorio de Arecibo en Puerto Rico. Su futuro ha sido puesto en duda, tras el anuncio de la NSF de que carecen de los fondos necesarios para sostenerlo. Crédito: AP Photo/ Tomas van Houtryve.
El futuro de uno de los mayores radiotelescopios de una sola antena del mundo está en la cuerda floja después de que la Fundación Nacional para la Ciencia de USA (NSF) anunciara que está aceptando propuestas de aquéllos que estén interesados en asumir las operaciones del observatorio de Arecibo en Puerto Rico. El anuncio llega tras agotarse los fondos que esta agencia federal tenía para mantener el observatorio, una antena de 305 m de diámetro utilizada en parte para buscar ondas gravitacionales y realizar el seguimiento de asteroides que puedan encontrarse en ruta de colisión contra la Tierra.
Desde la Fundación se afirma que  prefieren que el observatorio siga abierto con la ayuda de colaboradores que proporcionarían una inyección de fondos. Pero si al final no es aceptada ninguna de las propuestas que sean enviadas hasta finales de abril, las alternativas que contempla la fundación son suspender las operaciones del observatorio, convertirlo en un centro educativo o cerrarlo.
Los científicos utilizan el observatorio en parte para detectar emisiones en radio procedentes de objetos celestes como estrellas y galaxias, tal como se mostró en las películas "Contacto" y "Golden Eye" de la serie de James Bond. Atrae cerca de 90.000 visitantes y unos 200 científicos al año que utilizan el observatorio gratuitamente para realizar sus investigaciones, explica el director del observatorio, Francisco Córdova.
Pero esto podría cambiar en función del tipo de propuestas que reciban. "Quizás en el futuro los científicos tengan que pagar para utilizarlo", añade Córdova, puesto que el observatorio todavía juega un papel clave en el campo de la investigación, incluyendo estudios sobre las erupciones solares capaces de interferir con equipos electrónicos.
La fundación espera tomar una decisión a finales de 2017,  cuando esté completo el informe final de impacto medioambiental, relacionado con todas las alternativas de futuro del observatorio.
Actualizado ( Jueves, 26 de Enero de 2017 14:53 )
Proyecto AIDA: desviación de asteroides potencialmente peligrosos para la Tierra.

Europa abandona AIDA, la misión para desviar asteroides que podrían alcanzar a la Tierra






En su lugar apoyará a ExoMars, que busca conquistar el planeta rojo.
La Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) anunció que, por no llegar a un acuerdo de financiación entre los 22 países que forman la agencia, abandonará el proyecto AIDA. La misión de AIDA, un proyecto de la NASA, consistía en lanzar un conjunto de sondas que buscarían calcular el efecto del impacto de distintos artefactos, con el fin de desarrollar naves que pudieran desviar asteroides que se dirigieran a la Tierra.
La ESA se había comprometido a financiar AIM, un observatorio y unas sondas que formarían parte de AIDA, mientras que la NASA desarrollaría la nave que impactaría un asteroide en Didymos, un sistema binario de asteroides, en el 2022. Pero los países que forman la ESA no lograron reunir los 100 millones de euros necesarios para participar en la misión. Oficialmente, la ESA sólo logró reunir 60 millones de euros para AIDA, lo que volvía imposible lograr su objetivo. A pesar de que se aseguró que intentarán seguir colaborando con el proyecto, la falta de capital obliga a pensar en una forma diferente de hacerlo.
Al renunciar a AIDA, la ESA mencionó que concentrarán sus esfuerzos en ExoMars, la misión completamente financiada por Europa que busca mandar un rover explorador a Marte. A pesar de que este año la misión ExoMars  sufrió un serio traspié, sigue siendo el proyecto más ambicioso de la ESA.
La agencia confirmó que financiarán la segunda fase de la misión ExoMars de exploración de Marte en 2020, y garantizaron su participación en la Estación Espacial Internacional hasta el 2024. La ESA también confirmó que los miembros de la agencia se comprometieron a recaudar 10,300 millones de euros para los diferentes programas de la institución en los próximos años, 700 millones menos de lo que se esperaba.
Más información en:
http://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/actualidad/aida-proyecto-para-desviarasteroides-que-puedan-chocar-contra-tierra_10903
http://www.spacedaily.com/reports/Objective_To_deflect_asteroids_thus_preventing_their_colli
sion_with_Earth_999.html
Galaxia ultra-difusa o enana oscura, el enigma del 'objeto Y'.
Más información en:
http://www.europapress.es/ciencia/astronomia/noticia-galaxia-ultra-difusa-enana-oscuraenigma-
objeto-20170125171815.html
Cómo visualiza la NASA aterrizar en Plutón.
23 de enero de 2017.

En 2015, después de los
nueve años de duración, 3 mil
millones de kilómetros de
viaje, la nave espacial New
Horizons finalmente llegó a
Plutón, realizando un vuelo de
12 horas que produjo datos
espectaculares, la liberación de
bellas imágenes vivas de Plutón
que nos mostró por primera
vez lo que el enano Planeta
parecía.
Ahora, la NASA ha
tomado más de 100 imágenes
tomadas durante el transcurso
de seis semanas durante la misión y
las ha editado para hacer un video de un aterrizaje
simulado. La sonda originalmente envió fotos en blanco y negro, por lo que el equipo descubrió
los colores de Plutón sobre la base de datos espectroscópicos y editó las imágenes para obtener
la mejor visual del planeta enano.
Este es el primer paso para la obtención de datos que conllevarían a la evaluación de
factibilidad de un futuro proyecto de aplutonizaje. Un proyecto muy lejano aún, pero ya ha
empezado a soñarse con ello.
El video se muestra en el enlace.
Más información en:
http://www.astronomy.com/news/2017/01/new-horizonsvideo?
utm_source=SilverpopMailing&utm_medium=email&utm_campaign=News0_ASY_170127_0
00000_Final
remainder&utm_content=&spMailingID=27684918&spUserID=MTE2Mjk0Mjc2MzYxS0&spJobID=96
5372043&spReportId=OTY1MzcyMDQzS0

Estrechando el cerco alrededor del noveno planeta





Una de las ‘no-noticias’ más destacadas del año pasado fue el renovado interés por la búsqueda de un hipotético noveno planeta en el exterior del sistema solar gracias al análisis de las órbitas de varios objetos transneptunianos realizado por Konstantin Batygin y Mike Brown. Los dos investigadores se dieron cuenta de que muchos objetos del cinturón de Kuiper exhibían un perihelio —el punto más cercano al Sol— más o menos situado en la misma región del espacio y un argumento de perihelio similar. Esta acumulación de órbitas se podía explicar por la presencia de una supertierra o un mini-neptuno de diez masas terrestres situado en una órbita muy elíptica con un semieje mayor de 700 unidades astronómicas (UA), es decir, 105 mil millones de kilómetros. La órbita de este noveno planeta estaría orientada al contrario que la de los objetos que supuestamente perturba.


Simulación de la órbita del noveno planeta teniendo en cuenta las resonancias con varios TNOs (Sarah Millholland y Gregory Laughlin).

Es importante recordar que Batygin y Brown no fueron los primeros en proponer un noveno planeta lejos del Sol que se dedica a fastidiar a los objetos transneptunianos. Unos años antes Scott Sheppard, Chadwick Trujillo y Carlos y Raúl de la Fuente Marcos ya propusieron por separado la existencia de una supertierra con el objetivo de aclarar el misterio de las órbitas tan extrañas de algunos transneptunianos. Pero el modelo de Batygin y Brown ha otorgado más credibilidad a la hipótesis del noveno planeta y, lo más importante, ha permitido acotar las zonas del cielo en las que se podría encontrar. Un año después, ¿cómo va la búsqueda?
Pues sigue vivita y coleando. Durante este año varios investigadores, incluyendo a Brown, han comenzado a buscar el nuevo planeta, aunque por ahora parece que sin resultados. Por otro lado, a lo largo de estos meses se ha propuesto que el planeta nueve sería también el responsable de las extrañas órbitas de Niku (2011 KT19), Drac (2008 KV42) y otros objetos similares, todos ellos con órbitas muy inclinadas con respecto a la eclíptica y, en ocasiones, retrógradas. Eso sí, la sonda Cassini no ha logrado detectar la aceleración gravitatoria que el noveno planeta debería causar sobre Saturno, lo que pone un límite importante a su masa y/o su distancia (si el planeta está situado en dirección a Saturno, el gigante anillado debería sentir una aceleración un 2% superior a la que experimentaría la Tierra). Es decir, Cassini nos está chivando que el planeta nueve, o bien tiene menos de diez masas terrestres, o bien está situado como mínimo a mil unidades astronómicas —150 mil millones de kilómetros (!)—.


Posible aspecto del noveno planeta (Caltech).

En un nuevo paper Sarah Millholland y Gregory Laughlin han intentado acotar un poco más la posición de nuestro planeta misterioso a través de las resonancias que pudiera tener con otros cuerpos transneptunianos. Para que nos hagamos una idea, es lo mismo que ocurre entre muchos objetos del cinturón de Kuiper y Neptuno. Por ejemplo, Plutón está en una resonancia 3:2 con Neptuno, es decir, por cada tres órbitas de Neptuno, Plutón describe dos. Si no pudiésemos ver Neptuno, seríamos capaces de deducir su existencia estudiando las resonancias de los objetos perturbados por el gigante de hielo. Y usando esta novedosa aproximación al problema, los autores han concluido que Sedna estaría en una resonancia 3:2 con el nuevo planeta, mientras otros objetos transneptunianos estarían en resonancias 5:1, 4:1 o 3:1.
Posible composición del planeta suponiendo que sea un mini-neptuno (University of Bern).
Lo fascinante de esta hipótesis es que estas resonancias cuadran con la presencia de un objeto situado en una órbita con un periodo de 16.725 años (!!) y una distancia de 954 unidades astronómicas, datos que encajan casi como un guante con otras predicciones previas. Los dos investigadores han calculado de que existe un 98% de probabilidades de que estas resonancias sean reales y no un simple objeto del azar. La masa del planeta estaría entre seis y doce veces la de la Tierra. De paso, han calculado la posición en el cielo en la que debería encontrarse: entre 20º y -20º de declinación y 30º y 50º de ascensión recta.
Posible posición en el cielo del noveno planeta: se encontraría dónde están la mayor parte de puntos negros (Sarah Millholland y Gregory Laughlin).
Las malas noticias son que se trata de una zona enorme. Si el planeta existe realmente tendría una magnitud de 23 —extremadamente débil— al hallarse cerca de su afelio. Además, la hipótesis de la resonancia solo explica las órbitas de algunos transneptunianos. Habrá qué ver si se ajusta a otros (desgraciadamente, la incertidumbre en la órbita de muchos de estos cuerpos es muy grande), sobre todo a los que se vayan descubriendo. También hay que señalar que otros investigadores siguen pensando que el noveno planeta no es necesario para explicar las distribuciones aparentemente no aleatorias de los elementos orbitales de algunos transneptunianos, así que no cantemos victoria aún.
El el caso de que realmente el noveno planeta esté allá fuera cuesta imaginar cómo podría ser un mundo tan extraño. Más grande que la Tierra, pero menos que Neptuno. Situado en el extrarradio del sistema solar allí donde el Sol es solo una estrella un poco más brillante que el resto, con una temperatura de apenas 40º por encima del cero absoluto. No sabemos qué características tendría, pero los modelos indican que su atmósfera estaría compuesta por hidrógeno y helio. Quizás tendría nubes de metano, por lo que sería más brillante que Neptuno a esa distancia. ¿Realmente hay un nuevo mundo esperando ser descubierto o solo es un constructo matemático? Si es así, puede que pronto salgamos de dudas. Mientras, siempre puedes jugar con esta simulación en tres dimensiones de su órbita.


Referencias:
Más información en:
https://arxiv.org/pdf/1612.07774v1.pdf
https://smillholland.github.io/P9_Orbit/
Ceres está envuelta en restos de asteroides.
20 de enero de 2017.


Las apariencias pueden ser
engañosas, al menos para los cuerpos
pequeños del Sistema Solar exterior.
Esta imagen de Ceres es más o
menos cómo los colores del planeta
enano aparecerían a los ojos. Una
nueva investigación sugiere que
fragmentos de otros asteroides están
esparcidos por la superficie de Ceres,
disfrazando parcialmente, como si
tuviese maquillaje.

Crédito: NASA / JPL-CALTECH / UCLA /
MPS / DLR / IDA.
Según un nuevo estudio
realizado por astrónomos, el planeta
enano Ceres está recubierto de
fragmentos arrancados durante
colisiones con otros cuerpos en el
cinturón de asteroides durante decenas de millones de años. Esto significa simplemente que
mirar el color de un asteroide puede no ser suficiente para determinar su composición.
Los astrónomos utilizaron el Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja (SOFIA)
de la NASA para detectar cantidades sustanciales de material no perteneciente originalmente a
Ceres sobre la superficie del planeta enano, lo que sugiere que el cuerpo más grande en el
cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter está parcialmente camuflado.
"Encontramos que la capa superficial más externa de Ceres, de unos pocos micrones de
espesor, está parcialmente recubierta con partículas secas", dice Franck Marchis del Instituto
SETI en los Estados Unidos. Pero las mismas no provienen de Ceres. Son restos de impactos de
asteroides que probablemente ocurrieron hace decenas de millones de años".
Los modelos de Ceres, basados en datos recopilados de telescopios terrestres y la misión
Dawn de la NASA, sugieren que el planeta enano contiene arcillas y carbonatos. Pero imágenes
espectrales detectaron una fina capa de piroxeno, un silicato seco, explica Pierre Vernazza, del
Observatorio de Marsella en Francia. "Solamente las observaciones infrarrojas hechas con el
SOFIA fueron capaces de detectar la presencia de este tipo de material en la superficie de Ceres".


El trabajo será publicado en la revista The Astronomical Journal.


Más información en:
https://cosmosmagazine.com/space/ceres-is-cloaked-in-asteroid-debris

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