lunes, 10 de abril de 2017

A vueltas con la definición de planeta (sí, otra vez)

A vueltas con la definición de planeta (sí, otra vez)

Daniel Marín 3MAR17 99 Comentarios

La actual definición de planeta de la Unión Astronómica Internacional de 2006 levantó muchas ampollas. Como es sabido, en la asamblea de la UAI de ese año se introdujo la categoría de planeta enano y el sistema solar se quedó así con ocho planetas tras rebajar a Plutón de categoría. La nueva definición era la reacción de urgencia de la UAI ante el descubrimiento de nuevos objetos transneptunianos de tamaño y masa similares a Plutón, aunque fue el descubrimiento de Eris el suceso que precipitó los acontecimientos. Solo había dos alternativas: o bien Eris era declarado planeta, abriendo la puerta a un sistema solar con decenas o centenares de planetas, o bien no lo era, con lo cual había que degradar a Plutón a una categoría inferior. Solo había que decidir cuál. La nueva definición sentó muy mal en Estados Unidos, más que nada porque Plutón era el único planeta descubierto por un norteamericano. Y dentro de EEUU la definición cayó como un jarro de agua fría en el equipo de la sonda New Horizons. Al fin y al cabo la sonda fue lanzada en 2005 hacia el planeta más lejano del sistema solar y ahora iba a llegar a un simple planeta enano. Y para colmo ni siquiera sería la primera en visitar un planeta enano, ya que ese honor le fue arrebatado por la sonda Dawn cuando llegó a Ceres.



Los cerca de 110 planetas del sistema solar. A aprendérselos todos (Runyon et al./The Planetary Society).

No es de extrañar que desde entonces el investigador principal de la misión, Alan Stern, se haya negado a aceptar la nueva definición de la UAI y siga insistiendo en que Plutón es un planeta. De hecho, durante estos años Stern ha dedicado a apoyar iniciativas rocambolescas como Uwingu con el único objetivo de fastidiar a la UAI todo lo posible. En 2015 la New Horizons nos enseñó que Plutón es un mundo increíblemente complejo y fascinante, una oportunidad magnífica para que Stern y sus chicos volviesen otra vez a cuestionar la decisión de la UAI.

Y ha tardado, pero en un reciente artículo Stern y otros investigadores abogan por abolir la decisión de la UAI e introducir una ‘definición geofísica’ de planeta. O sea, una definición que tenga más en cuenta las propiedades de cada cuerpo que sus características orbitales. Pero recordemos primero qué es un planeta hoy en día. Según la definición actual de la UAI un planeta es un cuerpo que está en equilibrio hidrostático —o sea, es más o menos esférico— y que ‘ha limpiado la vecindad de su órbita’. Cualquier otro objeto que sea aproximadamente esférico pero no cumpla la segunda condición se considera un planeta enano. La segunda condición es el quid de la cuestión y fue introducida ad hoc para deshacerse de Plutón como planeta. Lo que la nueva definición quería enfatizar a toda costa es que Plutón, como Eris o Ceres, no es un objeto aislado, sino que forma parte de una familia de numerosos cuerpos de características similares que además tienen órbitas parecidas (los asteroides del cinturón principal en el caso de Ceres o los objetos trans-neptunianos en el caso de Eris y Plutón). Por contra los planetas tradicionales están relativamente solos en sus órbitas.

La nueva definición presenta varios agujeros. Por ejemplo, Marte, Urano, Neptuno y, especialmente, Júpiter poseen numerosos asteroides troyanos que comparten su órbita. No obstante, se considera que la condición de ‘limpiar su órbita’ no se aplica aquí porque la diferencia de masas y composición es abismal. Muy bien, ¿pero dónde está el límite en la diferencia de masas? Pues simplemente no existe. El segundo problema es la condición de ‘equilibrio hidrostático’. Los ocho planetas tradicionales son más o menos esféricos y están en equilibrio hidrostático, pero no ocurre lo mismo con los candidatos a planetas enanos. Hay asteroides que son casi esféricos (Palas o Vesta), pero no se consideran planetas enanos. ¿Dónde está el límite de ‘esfericidad’? Una vez más, no existe. O mejor dicho, es arbitrario. Pero lo peor es que esta condición varía según la composición del objeto. Si tomamos dos cuerpos de la misma masa, uno rocoso y otro con gran cantidad de volátiles (hielos), el segundo puede ser esférico mientras que el primero no. Por último, pero no menos importante, la definición de la UAI es exclusiva para el sistema solar, dejando fuera a los miles de exoplanetas descubiertos hasta la fecha (por no complicarse la vida).

Como vemos, la definición de la UAI de 2006 dista mucho de ser perfecta y, a diferencia de lo que piensa mucha gente, no es en absoluto objetiva. Pero es un buen punto de partida para clasificar los objetos del sistema solar. Y, además, es un punto de partida más elaborado y coherente de lo que teníamos hasta entonces. Una década después el debate parecía haber caído en el olvido después de la que definición de la UAI se impusiese en toda la comunidad científica. ¿Toda? ¡No! Un pequeño grupo de irreductibles científicos con Alan Stern —quién si no— a la cabeza sigue empeñado en cambiar la definición de planeta. ¿Y en qué consiste esa definición geofísica de la que hablábamos antes? Pues en sus propias palabras:

Un planeta es un cuerpo de masa sub-estelar que nunca ha experimentado reacciones nucleares de fusión y que posee suficiente auto-gravitación para adquirir una forma esferoidal que se puede describir adecuadamente mediante un elipsoide de tres ejes independientemente de sus parámetros orbitales.

Traducción: cualquier cuerpo redondo más pequeño que una enana marrón. O sea, tiramos la casa por la ventana. De acuerdo con esta propuesta Plutón sería un planeta otra vez. Y también Eris. Y Caronte. Y Ganímedes. Y Encélado. Y decenas —¿miles?— de objetos del cinturón de Kuiper. La clave es la parte que pone ‘independientemente de sus parámetros orbitales’, algo que obviamente también se puede aplicar a satélites. Con esta definición en la mano el sistema solar tendría unos 110 planetas, aunque su número no parará de crecer durante los próximos años. La ventaja es que, por ahora, tendríamos menos planetas que elementos de la tabla periódica. O, como dicen ellos mismos, también hay 88 constelaciones y nadie se queja.

Antes de indignarnos con Stern y compañía conviene meditar un poco. Porque como toda definición de un tema subjetivo como es el que nos ocupa tiene sus puntos positivos. Elevar a rango de planeta a mundos como Titán, Europa, Ganímedes, Encélado o Tritón podría hacer que mucha gente supiese de su existencia y se diese cuenta de lo fascinantes que son. No es lo mismo decir «vamos a enviar una sonda a Europa, la luna de Júpiter» que «vamos a enviar una sonda al planeta Europa». Dónde va a parar. Un sistema solar con 110 planetas propiciaría que el público tomase conciencia de la enormidad y complejidad de nuestro sistema planetario. De paso también permitiría clasificar como tal al hipotético noveno planeta, que, si se descubre bien podría ser considerado un planeta enano —a pesar de ser más grande que la Tierra— por no haber limpiado su órbita, puesto que compartiría espacio con muchos otros objetos transneptunianos y la diferencia de masas no sería tan grande como en el caso de los troyanos (recordemos que no existe ningún límite de ‘limpieza’ de la órbita en la actual definición de la UAI). Además nos haría la vida más sencilla, puesto que esta definición se podría aplicar sin más a otros sistemas planetarios. Visto así esta definición alternativa tampoco es tan mala.

Ahora bien, creo que un sistema solar con cientos o miles de planetas es algo poco didáctico se mire como se mire. Muy poca gente se va a parar a aprender los detalles de los 102 nuevos planetas. Sin duda habría que seleccionar los más importantes, ¿pero cuáles serían?¿Con qué criterios? Una vez más, ¿dónde ponemos el límite? Y, a diferencia de las constelaciones, el número de planetas seguiría aumentando con el tiempo. 110 planetas puede que no sean muchos, ¿pero qué haremos cuando sean mil? Además esta propuesta agravaría uno de los principales problemas de la actual definición. Me refiero al olvido de las zonas del sistema solar. Con la nueva definición todo el mundo habla de planetas y planetas enanos, pero pasa de puntillas por el cinturón de asteroides o el cinturón de Kuiper, y eso que estos dos cinturones son el motivo de que Ceres o Plutón no sean planetas (por no haber limpiado su órbita). Esto provoca que haya gente que se indigne si digo que Ceres, además de ser un planeta enano, es el mayor asteroide. El caso es que lo es, pero la definición de planeta enano borra por arte de magia cualquier relación con el resto de asteroides. Pareciera como si Ceres fuera un objeto ajeno al resto de miles de asteroides que lo rodean y que está ahí por simple casualidad. Llamarlo planeta solo empeoraría las cosas. Y lo mismo puede decirse de Eris o Plutón y el cinturón de Kuiper. En este caso la actual definición se ha revelado en ocasiones como un obstáculo para entender la verdadera naturaleza del sistema solar, y eso que su propósito original era todo lo contrario.

Personalmente considero que es más importante entender las distintas regiones en las que se divide el sistema solar que aprenderse de memoria una definición arbitraria de planeta, pero entiendo que es mucho más complicado articular una definición de planeta alrededor de este concepto. La actual definición, con todas sus imperfecciones, es un buen compromiso. La propuesta de los amigos de Stern no es tan loca como parece, pero no es nada práctica y se nos puede ir de las manos en poco tiempo. En cualquier caso es un buen recordatorio para todos los talibanes de la definición de la UAI de que los términos planeta o planeta enano no son en absoluto definiciones objetivas escritas en piedra y que pueden cambiar en el futuro según el punto de vista que adoptemos. Porque afortunadamente nuestro sistema solar es tan complejo que resulta difícil encontrar una definición adecuada.

Referencias:

·         http://www.hou.usra.edu/meetings/lpsc2017/pdf/1448.pdf


http://danielmarin.naukas.com/2017/03/03/a-vueltas-con-la-definicion-de-planeta-si-otra-vez/



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