miércoles, 19 de abril de 2017

Cosmo Noticias 19-04-17





Posted: 11 Apr 2017 08:00 AM PDT
Ilustración artística del exoplaneta GJ 1132 b orbitando su estrella enana roja. Crédito: MPIA.

Un planeta de tamaño terrestre que orbita una estrella tenue a 39 años-luz de distancia, tiene una densa atmósfera que podría indicar la presencia de un “planeta de agua”.
Esta es una de las primeras veces que los astrónomos han sido capaces de detectar una atmósfera alrededor de un planeta rocoso pequeño. Observaciones similares utilizando la próxima generación de poderosos telescopios podrían ser capaces de buscar vida fuera del Sistema Solar.
Hasta ahora, los científicos han sido capaces de detectar mayoritariamente las atmósferas de exoplanetas gigantes del tipo “Júpiter calientes”, cuyas probabilidades de albergar vida son muy bajas.
La súper Tierra llamada GJ 1132b fue observada cuando pasó frente a su estrella enana roja, bloqueando parte de la luz de la estrella. Al medir la ligera disminución del brillo de la estrella, los astrónomos fueron capaces de calcular que el planeta mide 1,4 veces el tamaño de la Tierra y que posee 1,6 veces la masa de nuestro planeta.
También descubrieron que en una banda de longitud de onda, el planeta se veía ligeramente más grande. Esto puede ser explicado por una atmósfera que fuera opaca en algunas longitudes de onda, pero transparente en otras.
“Aunque esto no es una detección de vida en otro planeta, es un paso importante en la dirección correcta”, dice John Southworth de la Universidad de Keele, quien lideró el equipo.
La detección de una atmósfera alrededor de GJ 1132b corresponde a la primera vez que una atmósfera ha sido detectada alrededor de un planeta con un tamaño menor de dos veces el de la Tierra. Anteriormente, se había detectado una atmósfera sin agua alrededor del planeta 55 Cancri e, que tiene entre 6 y 8 veces la masa de nuestro planeta.
“Con esta investigación, hemos dado el primer paso tentativo en el estudio de las atmósferas de planetas más pequeños similares a la Tierra”, dice Southworth.
El equipo simuló una variedad de posibles atmósferas para el planeta, y encontraron que aquellas ricas en agua y/o metano explicarían las observaciones. El planeta es considerablemente más caliente y un poco más grande que la Tierra así que una posibilidad es que sea un “mundo océano” con una atmósfera de vapor caliente, dice el equipo.
El análisis de la composición química de las atmósferas de exoplanetas podría en el futuro los signos de la vida.
Entre otros compuestos, el ozono, derivado del oxígeno liberado por las plantas, es un delator atmosférico de vida. El metano es otro, aunque también puede ser generado por actividad volcánica.

El estudio “Detection of the Atmosphere of the 1.6 M Exoplanet GJ 1132 b” fue publicado en la edición del 4 de abril de 2017 de The Astronomical Journal.

Fuente: New Scientist
Posted: 12 Apr 2017 05:18 PM PDT


El aire que respiramos, el agua que bebemos, las estrellas que vemos y todos nosotros: los que existimos ahora y los que ya fueron, estamos constituidos por átomos. Cada uno de ellos alberga en su centro un núcleo atómico, varios miles de veces más pequeño que el átomo mismo, pero a su vez millones de veces más energéticos que cualquier proceso químico conocido.


Posted: 13 Apr 2017 08:00 AM PDT

Anomalía magnética en Bangui. Crédito: ESA/DTU Space/DLR.
Los satélites Swarm de la ESA están detectando minúsculos detalles en una de las capas más difíciles de observar del campo magnético de la Tierra y estudiando la historia magnética oculta en la corteza de nuestro planeta.
Podemos imaginar el campo magnético terrestre como una enorme envoltura que nos protege de la radiación cósmica y las partículas cargadas que bombardean nuestro planeta con el viento solar. Sin él no existiría la vida tal y como la conocemos.
La mayoría del campo se genera a más de 3.000 km de profundidad, por el movimiento del hierro fundido del núcleo externo. El 6% restante se debe, por una parte, a las corrientes eléctricas existentes en el espacio que rodea nuestro planeta y, por otra, a las rocas magnetizadas en la litosfera superior, la porción rígida más exterior de la Tierra, formada por la corteza y el manto superior.
A pesar de que este “campo magnético litosférico” es muy débil y, por ello, difícil de detectar desde el espacio, el trío de satélites Swarm ha sido capaz de cartografiar sus señales magnéticas. Tras tres años de recogida de datos, se acaba de publicar el mapa elaborado desde el espacio con la más alta resolución hasta la fecha.
“Al combinar las mediciones de Swarm con datos históricos del satélite alemán CHAMP, y usando una nueva técnica de modelización, hemos podido extraer señales mínimas de magnetización cortical”, explica Nils Olsen, de la Universidad Técnica de Dinamarca, uno de los científicos responsables del nuevo mapa.
Rune Floberghagen, responsable de la misión Swarm de la ESA, añade: “Comprender la corteza de nuestro planeta no es sencillo. No basta con perforar para medir su estructura, composición e historia. Las mediciones desde el espacio tienen un gran valor, ya que ofrecen una precisa visión global de la estructura magnética de la corteza exterior”.
Presentado en el Swarm Science Meeting celebrado en Canadá, el nuevo mapa muestra las variaciones en este campo con una precisión en los detalles superior a la de las reconstrucciones basadas en satélites realizadas hasta ahora, a partir de estructuras geológicas en la corteza terrestre.
Una de estas anomalías se produce en la República Centroafricana, alrededor de la ciudad de Bangui, donde el campo magnético es significativamente más agudo y más fuerte. Aún se desconoce la causa de esta anomalía, pero algunos científicos sospechan que podría deberse al impacto de un meteorito hace más de 540 millones de años.
El campo magnético se encuentra en un estado permanente de flujo. El norte magnético vaga y, cada pocos cientos de miles de años, la polaridad se invierte, por lo que las brújulas apuntaría al sur en lugar de hacia el norte.
Cuando se genera nueva corteza debido a la actividad volcánica, principalmente a lo largo del fondo oceánico, los minerales ricos en hierro del magma que se va solidificando se orientan hacia el norte magnético, capturando una “instantánea” del campo magnético en el momento concreto en que esas rocas se enfriaron.
Como los polos magnéticos se invierten cíclicamente, los minerales solidificados forman “franjas” en el lecho marino, dejando un registro de la historia magnética de la Tierra.
El mapa más reciente de Swarm ofrece una vista global sin precedentes de las franjas magnéticas asociadas a la tectónica de placas, reflejadas en las dorsales mesoceánicas.
“Estas franjas magnéticas demuestran la inversión de los polos y el análisis de las huellas magnéticas en el suelo oceánico nos permitirá reconstruir los cambios en el campo del núcleo. También nos ayudarán a investigar los movimientos de las placas tectónicas”, señala Dhananjay Ravat, de la Universidad de Kentucky, Estados Unidos.
“El nuevo mapa muestra las características del campo magnético con una precisión de hasta 250 km, facilitando así la investigación de la geología y las temperaturas en la litosfera terrestre”.
Fuente: ESA

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