lunes, 24 de abril de 2017

Cosmo Noticias 24-04-17

Posted: 17 Apr 2017 08:00 AM PDT


Ilustración artística de la sonda Cassini sobrevolando los penachos de Encélado en 2015. Crédito: NASA/JPL-Caltech.
En 2015 ya se observaron en un anillo de Saturno diversas partículas procedentes de profundidades marinas y emitidas al espacio desde los super-géiseres de una de sus gélidas lunas: Encélado. Aquel mismo año la sonda Cassini sobrevoló esas fuentes gigantescas que emanan en las regiones polares del sur y detectó hidrógeno molecular (H2) en los chorros de vapor que salen por gigantescas grietas.
La NASA presenta ahora un estudio realizado por investigadores del Southwest Research Institute de San Antonio (EE.UU.), donde se demuestra que ese hidrógeno proviene de reacciones hidrotermales generadas entre las rocas y el agua del océano que se extiende bajo la superficie congelada de la luna.
“Proporcionamos la mejor evidencia encontrada hasta la fecha en esos ‘chorros’ de procesos hidrotermales producidos por la interacción de las rocas y el agua líquida que hay en el interior de Encélado”, subraya a Sinc uno de los autores del trabajo, Christopher R. Glein, que añade: “La fuente más probable de ese hidrógeno son reacciones hidrotermales de roca con minerales ricos en hierro y materiales orgánicos parecidos a los que se han encontrado en meteoritos carbonáceos y cometas”.
Los investigadores han deducido las concentraciones de las especies volátiles que proceden del océano subterráneo partiendo de las cantidades de elementos que salen de las eyecciones de material. Los datos de Cassini apuntan que la nave detectó vapor y partículas en los super-géiseres con un porcentaje de volumen de 1,4% de hidrógeno y hasta un 0,8% de dióxido de carbono (CO2).
Estos ingredientes son fundamentales para que ocurra un proceso conocido como “metanogénesis”, una reacción en la que se produce metano y que, en nuestro planeta, permite sobrevivir a los microorganismos que se encuentran en ambientes submarinos profundos y oscuros, como las fumarolas de las profundidades marinas.


Formas en que el agua podría interactuar con la roca del fondo de Encélado, produciendo hidrógeno. Crédito: NASA/JPL-Caltech/SwRI.
En los sistemas hidrotermales de la Tierra, el agua reacciona con rocas que tienen minerales ricos en hierro, que actúa de sumidero de oxígeno y conduce a la conversión del H2O en H2. Este hidrógeno lo usan microorganismos quimiolitotrofos para producir metano (CH4) a partir del CO2. Se trata de una de las formas de vida más antiguas en la Tierra.
¿Metano biológico o geológico?
“Los instrumentos de Cassini han detectado metano muchas veces en esos penachos de vapor, pero la fuente de ese metano está por determinar. Una posibilidad es la metano-génesis microbiana, pero también hay otros escenarios geoquímicos más ‘mundanos’, como una producción abiótica de metano catalizada como la del níquel”, señala Glein.
“Cassini no fue diseñada para buscar signos de vida, y no habrá más vuelos a Encélado, así que será necesaria una nueva misión para responder a las preguntas astro-biológicas que plantea este estudio”, explica el científico. Uno de los proyectos que se está valorando es la misión Enceladus Life Finder (ELF), que podría aclarar la habitabilidad de esa remota luna de Saturno.
El estudio “Cassini finds molecular hydrogen in the Enceladus plume: Evidence for hydrothermal processes” fue publicado en la edición del 14 de abril de 2017 de Science.
Fuente: SINC
Posted: 19 Apr 2017 08:00 AM PDT

Ilustración del impacto de un asteroide en el océano y el vapor de agua generado. Crédito: LANL.
El 70% de la superficie de la Tierra está cubierta de agua, lo que significa que si tuviéramos la desgracia de ser impactados por un enorme asteroide, probablemente “salpicaría” mucha agua. Un equipo de científicos del Laboratorio Nacional de Los Álamos (LANL) decidió recientemente modelar lo que pasaría si un asteroide impactara en el mar. A pesar de lo apocalíptico que parece el tema, los resultados son bastante esperanzadores.
Galen Gisler y sus colaboradores del LANL usan computadores para visualizar cómo la energía cinética de una roca espacial de alta velocidad sería transferida al océano en un impacto. Los resultados, presentados por Gisler a finales de 2016, pueden resultar sorprendentes para quienes crecieron viendo películas como “Impacto Profundo”. Los asteroides son fuentes puntuales, y resulta que las ondas generadas por fuentes puntuales se atenúan rápidamente, en lugar de hacerse más fuertes a medida que cubren cientos de kilómetros tragando ciudades.
La mayor preocupación, en la mayoría de las situaciones de impactos en el océano, es el vapor de agua.
“El efecto más importante de un impacto en el océano es la inyección de vapor de agua a la estratosfera, con posibles efectos climáticos”, dijo Gisler. De hecho, las simulaciones de Gisler muestran que una roca de 250 metros de diámetro muy caliente podría vaporizar hasta 250 megatones métricos de agua. Ya en la troposfera, ese vapor de agua desciende como lluvia rápidamente. Pero el vapor de agua que llega hasta la estratosfera puede mantenerse allí durante un tiempo. Y, dado que es un poderoso gas de invernadero, podría tener un efecto importante en nuestro clima.
Por supuesto, no todos los asteroides impactan la superficie. Los de menor tamaño, que son mucho más comunes en nuestra vecindad solar, tienden a explotar mientras aún se encuentran en el cielo, creando una onda de presión que se propaga en todas las direcciones. Los modelos de Gisler muestran que cuando estos asteroides de “explosión aérea” estallan sobre el océano, producen menos vapor de agua estratosférico y ondas más pequeñas. “La explosión aérea mitiga considerablemente el efecto sobre el agua”, dijo.
En general, dice Gisler, los asteroides sobre el océano representan menos peligro para los humanos que los asteroides sobre tierra. Sin embargo, hay una gran excepción y son los asteroides que impactan cerca de la costa.
“Un impacto o una explosión aérea cerca de una costa poblada será muy peligroso”, dijo Gisler. En ese caso, podría producirse el tsunami gigante devorador de ciudades que algunas películas nos han mostrado.
Fuente: Gizmodo

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