jueves, 17 de mayo de 2018

Astronoticias 17-05-18

Astronoticias.
2010 WC9: un roce asteroidal.
13 de mayo de 2018.



El próximo martes 15 de mayo el asteroide
2010 WC9, con un tamaño estimado
de 71 metros, hará un vuelo rasante cerca de la Tierra.
Con un período de 1,12 años terrestres,
unos 409,4 días, el asteroide se acercará
a 192.200 Kms, la mitad de la distancia
entre la Tierra y la Luna.
El asteroide se desplaza a una velocidad
de 12,8 Km/s. Sólo podrá ser fotografiado
por telescopios de gran tamaño.
Más información en:
Arrojan luz nueva sobre cómo se formó
el Sistema Solar.
11 de mayo de 2018.


Un estudio dirigido por la Universidad Nacional
Australiana (ANU) y por la Universidad
de Creta (Grecia) ha arrojado nueva luz
sobre el misterio de cómo se formó nuestro
Sistema Solar en una nube de gas y polvo
en el espacio hace miles de millones de años.
Modelo 3D de la nube molecular
de Musca. Crédito: Aris Tritsis.

Los investigadores, dirigidos por el
Dr. Aris Tritsis (ANU), reconstruyeron
la forma 3D de una nube donde se
forman estrellas, ubicada en el constelación
de Mosca (Musca), que tiene el aspecto
de una aguja en el cielo austral. Musca es
una gran nube compuesta principalmente
por hidrógeno molecular y polvo, que ocupa
unos 27 años-luz sobre el plano del cielo,
con una profundidad de unos 20 años-luz y
una anchura de menos de 1 año-luz.
“Hemos conseguido reconstruir la estructura
3D de una nube de gas en sus fases más iniciales
de creación de estrellas y planetas nuevos, que
tardarán millones de años en formarse”, explica
el Dr. Tritsis. “Conocer la forma 3D de las nubes
mejorará en gran medida nuestro conocimiento
de estos viveros de estrellas y del nacimiento
de nuestro propio Sistema Solar”.
“Hemos visto, por primera vez, que esta nube
no es un jirón delgado y estático de gas en el
espacio, sino una estructura compleja y vibrante”.
Musca está rodeada de estructuras similares
a cabellos llamadas estriaciones, que son producidas
por ondas de gas y polvo atrapadas a causa de las
vibraciones globales de la nube. Los investigadores
pudieron determinar la forma de Musca analizando
las frecuencias espaciales de estas vibraciones,
que fueron convertidas en tonalidades resonantes
que revelaron la “Canción de Musca”. “Es una nube
del espacio que nos está cantando; todos lo que
tenemos que hacer es escuchar. Es de hecho
bastante asombroso”, comenta Tritsis.
Más información en:
Los cambios en la órbita de la Tierra y
su influencia en el clima.
11 de mayo de 2018.


El profesor Dennis Kent con parte de una muestra
de roca de 500 metros extraído en el Parque
Nacional del Bosque Petrificado de Arizona. Las
cajas que se ven al fondo conservan fragmentos
archivados de la cuenca Newark que fueron
comparados con la muestra de Arizona. C
rédito: Nick Romanenko/Rutgers University.
Cada 405.000 años, las atracciones
gravitatorias de Júpiter y Venus incrementan
ligeramente la elongación de la órbita
de la Tierra, un patrón asombrosamente
constante que ha influido sobre el clima
de nuestro planeta durante al menos 215
millones de años y que permite a los
científicos datar de manera más precisa
episodios geológicos como la proliferación
de los dinosaurios, según un estudio
dirigido por la Universidad Rutgers.
Para el estudio, los investigadores utilizaron
muestras de sedimentos de la cuenca
Newark (Nueva Jersey, USA) y de sedimentos
con detritus volcánicos incluyendo circones
(minerales de uranio que pueden ser datados
por su radiactividad) de Arizona.
Los resultados demostraron que el ciclo
de 405.000 años es el patrón astronómico
conocido más regular relacionado
con el giro anual de la Tierra alrededor del Sol.
“Los ciclos del clima están relacionados
directamente con el modo en que
la Tierra gira alrededor del Sol y ligeras
variaciones en la cantidad de luz solar
que llega a la Tierra producen cambios
climáticos y ecológicos”, explica Dennis
Kent. “La órbita de la Tierra cambia
de ser casi perfectamente circular
a tener un 5% de elongación cada 405.000 años”.
Más información en:
Botín de agujeros negros descubiertos
en el centro galáctico.
10 de mayo de 2018.


Los astrónomos han descubierto evidencia
de miles de agujeros negros ubicados
cerca del centro de nuestra galaxia utilizando
datos del Observatorio de rayos X Chandra de la NASA.
Este botín consiste en agujeros negros
de masa estelar, que típicamente pesan
entre cinco y 30 veces la masa del sol.
Estos agujeros negros recién identificados
se encontraron dentro de un radio de tres
años-luz -una distancia relativamente corta
en escalas cósmicas- del agujero negro
supermasivo en el centro de nuestra galaxia
conocido como Sagittarius A* (Sgr A*).
Los estudios teóricos de la dinámica de las
estrellas en las galaxias han indicado que
una gran población de agujeros negros
de masa estelar - hasta 20.000 - podría
derivar hacia adentro durante los eones y
acumularse alrededor de Sgr A*. Este reciente
análisis que utiliza datos de Chandra es la primera
evidencia observacional de dicho conglomerado
de agujeros negros.
Un agujero negro por sí mismo es invisible.
Sin embargo, un agujero negro -o estrella de
neutrones- encerrado en una órbita cercana
con una estrella extraerá gas de su compañero
(los astrónomos llaman a estos sistemas
"binarios de rayos X"). Este material cae
en un disco y se calienta hasta millones
de grados y produce rayos X antes de
desaparecer en el agujero negro. Algunos
de estos binarios de rayos X aparecen como
fuentes puntuales en la imagen de Chandra.
Un equipo de investigadores, dirigido por
Chuck Hailey de la Universidad de Columbia
en Nueva York, usó datos de Chandra para
buscar binarios de rayos X que contengan
agujeros negros que se encuentran cerca
de Sgr A*. Estudiaron los espectros de
rayos X, es decir, la cantidad de rayos X
observados a diferentes energías, de las
fuentes a unos 12 años luz de Sgr A*.
Más información en:
El tamaño de los agujeros negros en el Universo
10 de mayo de 2018.



Instantánea de una simulación que muestra la interacción
entre agujeros negros en los centros caóticos
de cúmulos globulares.
Crédito: Carl
Rodriguez/Northwestern Visualization.
Durante décadas los astrónomos
han debatido sobre la forma que
tiene la función de masa de los
agujeros negros, es decir, cuántos
agujeros negros hay que tengan
una masa determinada, considerando
todas las masas posibles.
El punto de partida de la función
de masa de los agujeros negros
reside en la función de masa inicial
de los agujeros negros estelares:
el principio de la distribución en
tamaños de los agujeros negros
después de haber nacido a partir
de estrellas. Pero en lugar de permitir
la formación de agujeros negros
estelares de cualquier masa, los
modelos teóricos proponen dos saltos
en la distribución: un hueco superior
entre 50 y 130 masas solares, debido
a que los progenitores estelares de los
agujeros negros en este rango son
destruidos por supernovas; y un segundo
hueco por debajo de 5 masas solares,
que aparece de forma natural por la
mecánica de las explosiones de supernova.
Pero ahora, desde la primera detección
de ondas gravitacionales en septiembre
de 2015, sabemos que los agujeros
negros pueden fusionarse formando
agujeros más grandes. Por tanto,
la distribución en masa evoluciona
con el paso del tiempo ya que las fusiones
producen una disminución en el número
de agujeros negros de masa baja y
un aumento en el número de agujeros
de masa más alta.
Un equipo de científicos dirigido por
Pierre Christian (Universidad de Harvard)
ha estudiado cómo la fusión de agujeros
negros en los centros de cúmulos densos
de estrellas modifica la función de masa
de los agujeros negros en el Universo.
Sus resultados apuntan a que, evolucionando
a lo largo de 10 mil millones de años,
las fusiones pueden rellenar el hueco
entre 50 y 130 masas solares. También
crean un nuevo hueco por debajo de
10 masas solares (los agujeros negros
con masas por debajo de esta no pueden
ser creados por fusiones) y otro a
60 masas solares (por la interacción
entre el hueco inferior y el superior).
Más información en:
La reconexión calma los turbulentos
campos magnéticos de la Tierra.
09 de mayo de 2018.


En la gráfica, el viento solar supersónico (en amarillo)
fluye alrededor del campo magnético de la Tierra
(en azul), y forma una capa límite altamente
turbulenta llamada "magnetosheath"
(hoja magnética señalada con remolinos amarillos).
Un nuevo trabajo de investigación describe
observaciones de reconexión magnética de pequeña
escala dentro de la cubierta magnética, revelando
pistas importantes sobre el calentamiento
en las capas externas del Sol y en otras
partes del Universo.
Crédito: NASA / GSFC
Cuando el viento solar -que en realidad
es una lluvia torrencial de partículas
cargadas del Sol – golpea el campo
magnético protector de la Tierra,
el choque genera campos magnéticos
turbulentos que envuelven al planeta
y se extienden por cientos de miles de kilómetros.
Una de las misiones meteorológicas
espaciales de la NASA, llamada
Magnetospheric Multiscale o MMS,
ha descubierto una manera sorprendente
de disipar esta energía turbulenta:
la energía magnética se convierte
en chorros de electrones de alta velocidad
a medida que los campos magnéticos
se rompen y vuelven a conectar.
El descubrimiento ayudará a los científicos
a comprender el papel que desempeña
la reconexión magnética en el espacio,
por ejemplo, al calentar la corona solar
inexplicablemente caliente -la atmósfera
exterior del Sol- y acelerar el viento
solar supersónico. La próxima misión
de la NASA, Parker Solar Probe,
se lanzará directamente hacia
el Sol a mediados de año para
investigar exactamente esos fenómenos,
armados con esta nueva comprensión
de la reconexión magnética cerca de la Tierra.
Más información en:
Descubierto asteroide exiliado en el Sistema Solar.
09 de mayo de 2018.


Representación artística del asteroide exilado
2004 EW95, el primer asteroide rico
en carbono confirmado en el Cinturón Kuiper,
reliquia del Sistema Solar primordial.
Crédito: ESO / M. Kornmesser
Un equipo internacional de astrónomos
ha utilizado los telescopios
del Observatorio Europeo del Sur,
ESO, para investigar una reliquia
del Sistema Solar primordial. El equipo
descubrió que el inusual objeto
de cinturón Kuiper 2004 EW95
es un asteroide rico en carbono,
el primero de este tipo que se confirma
en los fríos confines del Sistema Solar.
Este curioso objeto probablemente
se formó en el cinturón de asteroides
entre Marte y Júpiter y ha sido arrojado
a miles de millones de kilómetros
desde su origen hasta su hogar actual
en el Cinturón de Kuiper.
Los primeros días de nuestro
Sistema Solar fueron tiempos
tempestuosos. Los modelos teóricos
de este período predicen que después
de que se formaron los gigantes gaseosos,
arrasaron el Sistema Solar, expulsando
pequeños cuerpos rocosos del Sistema
Solar interno a órbitas lejanas a grandes
distancias del Sol. En particular, estos
modelos sugieren que el Cinturón Kuiper
debería contener una pequeña fracción
de cuerpos rocosos del Sistema Solar interior,
como asteroides ricos en carbono, conocidos
como asteroides carbonáceos.
Ahora, un documento reciente ha presentado
evidencia del primer asteroide carbonoso
observado en el Cinturón de Kuiper,
proporcionando un fuerte apoyo para
estos modelos teóricos de la problemática
juventud de nuestro Sistema Solar.
Más información en:
¿Por qué la corona del Sol chisporrotea
a medio millón de grados?

08 de mayo de 2018.

Un equipo de físicos, incluido Gregory
Fleishman de NJIT, descubrió energía
previamente no detectada en los bucles
coronales del Sol. Crédito: Instituto
de Tecnología de Nueva Jersey

La corona del Sol, invisible para el ojo
humano, excepto cuando aparece
brevemente como un halo de plasma
ardiente durante un eclipse total de Sol,
sigue siendo un rompecabezas incluso
para los científicos que lo estudian
de cerca. Ubicada a 2.200 kilómetros
de la fotósfera de la estrella, es más
de cien veces más caliente que las
capas más bajas mucho más cerca
del reactor de fusión en el núcleo del Sol.
Un equipo de físicos, dirigido por Gregory
Fleishman, descubrió recientemente
un fenómeno que puede comenzar
a desenredar lo que llaman "uno de
los mayores desafíos para el modelado solar":
determinar los mecanismos físicos
que calientan la atmósfera superior
a unos 560.000 grados Celsius y más.
Sus descubrimientos, que explican
la energía térmica no detectada
previamente en la corona, se publicaron
recientemente en la revista Astrophysical Journal.
"Sabíamos que algo realmente intrigante
sucede en la interfaz entre la fotosfera,
la superficie del Sol, y la corona, dadas
las notables disparidades en la composición
química entre las dos capas y el fuerte
aumento de las temperaturas plasmáticas
en esta unión", señala Fleishman.
Con una serie de observaciones
del Observatorio Solar Dynamics
(SDO) basado en el espacio, el equipo
ha revelado regiones en la corona
con niveles elevados de iones
de metales pesados contenidos
en tubos de flujo magnético
(concentraciones de campos magnéticos)
que transportan una corriente eléctrica.
Sus vívidas imágenes, capturadas
en la banda extrema (onda corta)
ultravioleta (EUV), revelan desproporcionadamente
grandes -por un factor de cinco o más-
concentraciones de metales con carga
múltiple en comparación con iones de
hidrógeno de un solo electrón que
los que existen en la fotosfera.
Más información en:
Dónde deberíamos buscar vida en el Universo.
30 de abril de 2018.

Ilustración artística de un planeta tipo Tierra
en la zona habitable de una estrella.
Crédito: NASA Ames/SETI Institute/JPL-Caltech.
La palabra “habitabilidad” tiene muchos
significados diferentes y es fácilmente
malinterpretada. Sólo porque un planeta
se encuentre en la zona habitable
de una estrella no significa que sea
necesariamente capaz de mantener vida.
Esta ambigüedad, según Manasvi Lingam
y Abraham Loeb (Harvard University y
Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics)
nos exige que sigamos una estrategia
concreta en la búsqueda de vida primitiva
fuera de nuestro Sistema Solar.
Para averiguar qué estrellas son los objetivos
óptimos, Lingam y Loeb sugieren un método
basado en un análisis estándar de costo-beneficio,
común en economía. Aquí lo que
se contrapone es el costo de una misión de
estudio de exoplanetas frente al beneficio
de diferentes tipos de estrellas
objetivo. En particular, Lingam y
Loeb comparan el beneficio de
apuntar a estrellas de tipo solar
en lugar de estrellas de cualquier
otra masa, como las de tipo M de
masa baja, populares en los sondeos
actuales de exoplanetas.
Existen cada vez más pruebas de que
la habitabilidad de planetas tipo Tierra
alrededor de enanas M podría ser mucho
menor que en sus contrapartidas alrededor
de estrellas tipo Sol. Por tanto,
Lingam y Loeb argumentan que
las misiones de búsqueda de exoplanetas
deberían centrarse en estrellas
tipo Sol de nuestra Galaxia para
tener las mejores oportunidades
de detectar vida de modo eficiente
fuera de nuestro Sistema Solar.
Más información en:

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