lunes, 25 de junio de 2018

Los 3 fenómenos físicos que se esconden tras una puesta de sol

DIARIO ASTRONÓMICO
Los 3 fenómenos físicos
que se esconden tras
una puesta de sol
El solsticio de verano constituye un momento
perfecto para disfrutar de la belleza intrínseca
de un atardecer
El porqué de su color rojizo, el cambio
de forma del sol y otros fenómenos que
ocurren cuando anochece
Jueves, 21/06/2018 a las 17:00 CEST
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Puesta de sol sobre la Sagrada Familia / FERRAN NADEU




La época del solsticio de verano, en que
disponemos de un gran número de horas
de sol, invita a disfrutar de la naturaleza
y las actividades al aire libre. Sin duda,
una buena forma de acabar uno de estos
largos días es presenciando una puesta
de sol. Ya sea desde la orilla del mar o
desde un mirador elevado, ver desaparecer
al astro rey por el horizonte constituye
siempre un hermoso espectáculo. Para hacer
aún más atractivo este fenómeno,
a su belleza intrínseca podemos añadirle
algunas nociones de física que nos ayudarán
a entenderlo mejor.
Para empezar, durante la puesta vemos
el sol atenuado, de manera que casi
lo podemos mirar sin protección. Aunque
cuidado: que su luz no nos moleste
en exceso no significa que no nos pueda
dañar el ojo, especialmente si lo miramos
a través del objetivo de una cámara
fotográfica. Siempre hay que ser precavidos
cuando miramos el sol.
La atenuación se debe a que, al estar cerca
del horizonte, el recorrido que la luz del sol
efectúa a través de la atmósfera es mayor
que cuando se encuentra alto en el cielo,
como sería al mediodía. Las partículas que
forman la atmósfera son las responsables
de la absorción, de manera que, a más
recorrido a través de la atmósfera, más
luz es absorbida y más tenue vemos
el disco solar.
Horizonte rojizo

Tenemos también la tonalidad rojiza que adquiere
el sol a medida que se acerca al horizonte.
Para entenderla hemos de pensar que
la luz del sol se compone de diferentes
colores. Al atravesar la atmósfera la luz
es dispersada (desviada) por las pequeñas
partículas que la forman. No todos los colores
se dispersan de la misma forma.


Puesta de sol en Estambul (Turquía) / JON BARANDICA

La luz azul, de longitud de onda más corta,
se ve más afectada, de manera que es desviada
en todas direcciones. Es por eso por lo que
vemos el cielo azul. En cambio, la luz roja,
de longitud de onda más larga, se ve poco
afectada. Al mirar directamente hacia el sol,

la luz original ha perdido gran parte del color
azul, que ha sido desviado en otras direcciones,
pero mantiene la práctica totalidad del color rojo.
Este efecto, como la absorción, se acentúa
a medida que el sol se acerca al horizonte,
ya que, al atravesar más atmósfera,
la dispersión es mayor. Cuando observamos
una puesta de sol en un día con calima,
el enrojecimiento es incluso más evidente,
puesto que las partículas que forman la calima
dispersan la luz azul de manera muy efectiva.

Sol achatado

Otro efecto que en algunas ocasiones podemos
observar en una puesta de sol es que su disco
aparece ligeramente achatado. La causante
de ello es la refracción atmosférica. La atmósfera
se comporta como una lente, de manera que
curva los rayos de luz y provoca que los astros
aparezcan más elevados de lo que realmente están.

Atardecer en el Golfo Pérsico / LAURA RAUCH

La refracción depende mucho de la altura
del astro sobre el horizonte, siendo nula
en la dirección del cénit y aumentando
significativamente a medida que nos
acercamos al horizonte. Así, el borde inferior
del sol, más cercano al horizonte, se ve más
afectado por la refracción, y por tanto aumenta
más su altura sobre el horizonte, que el borde
superior. El resultado es que el disco solar
pierde su forma circular y aparece achatado.

El rayo verde

Y si somos muy afortunados podremos
observar el rayo verde, el fenómeno
que el protagonista de la novela homónima
de Julio Verne persigue por medio mundo.
La refracción afecta más a la luz azul y
menos a la roja. Cuando solo queda una
pequeña porción del sol por encima
del horizonte, la refracción descompone
su luz en una franja de colores similar
al arco iris, con el azul y violeta, más
refractados, en la parte superior, y el
rojo, menos refractado, en la parte inferior.



Triple rayo verde / MILA ZINKOVA

Esta diminuta franja irá desapareciendo
gradualmente bajo el horizonte: primero
el rojo, después el naranja, a continuación
el amarillo y el verde. Los últimos colores
en desaparecer son el azul y el violeta,
pero ya hemos comentado que precisamente
estos colores son los que más se dispersan,
de manera que son desviados antes de
llegar a nosotros. Es por eso que, si se
dan las condiciones adecuadas, el último
destello de sol que vemos es de color verde.
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