martes, 3 de julio de 2018

El primer objeto interestelar que nos visitó tenía propulsión propia

El primer objeto interestelar
que nos visitó tenía
propulsión propia
Un análisis de la órbita de Oumuamua
indica que liberaba gases y polvo
que lo hacían acelerar, un tipo
de comportamiento propio de los cometas
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Ilustración del Oumuamua ESO/M. KORNMESSER


Es difícil imaginar nuestra soledad
en el universo. Nos rodean miles de millones
de galaxias
con miles de millones de sistemas solares
y sus correspondientes planetas,
pero todos, hasta el más cercano,
a distancias inalcanzables. La única
nave espacial que ha salido del sistema
solar (manteniendo el contacto con la Tierra)
es la Voyager 1 y le costó 35 años viajando
a 60.000 kilómetros por hora. Para llegar
a la estrella más próxima en su camino,
Gliese 445, tendrá que recorrer el espacio
interestelar durante 40.000 años más.
Este vacío extraordinario que nos rodea
da idea de lo sorprendente de la visita
que descubrimos el pasado 19
de octubre. Ese día, un telescopio robótico
de Hawái diseñado para detectar objetos
con probabilidades de chocar con nuestro
planeta, identificó lo que parecía un cometa
desconocido entre las órbitas de la Tierra
y Marte. Una observación más detallada
reveló que no tenía una cola como cabría
esperar y que en realidad se trataba
de un asteroide alargado como un pepino,
de 800 metros de largo y 80 de
ancho. La sorpresa llegó cuando se pudo
calcular su órbita y su velocidad. Llegó a
100.000 kilómetros por hora y recibió
una sacudida cuando se enganchó en
la órbita de Mercurio y salió disparado
tres veces más rápido en dirección
a la constelación de Pegaso. Su origen
estaba, con certeza, fuera del Sistema
Solar. Aquel objeto había recibido
un empujón gravitatorio que lo había
expulsado del entorno de la estrella
donde se originó, hace millones de años.
Desde su descubrimiento, los investigadores
han seguido analizando los datos recogidos
durante la visita de Oumuamua, el mensajero
que llegó primero, el nombre hawaiano
con el que fue bautizado el visitante. Su naturaleza
aún requiere trabajo para ser bien
comprendida, y hoy, un equipo internacional
de investigadores presenta en Nature
un trabajo en el que plantean que, como
se pensó en un principio, el objeto interestelar
es un cometa. El grupo, liderado por Marco
Micheli, del centro de seguimiento de objetos
cercanos a la Tierra que tiene la Agencia
Espacial Europea en Frascati, Italia, introdujo
en un modelo todas las influencias gravitatorias
que pudo recibir Oumuamua en su viaje
por el Sistema Solar, del Sol, los planetas
y los grandes asteroides.
Los científicos plantean que haya una nave
espacial preparada para lanzarla cuando
aparezca el siguiente visitante interestelar
Sus conclusiones, alcanzadas después
de un preciso análisis de los datos, indican
que parte de la aceleración que alejaba
al visitante interestelar de nuestra estrella
no tenía origen gravitatorio. Una pequeña
fuerza de propulsión, entre 1.000 y 10.000
veces más débil que la gravedad, desviaba
a Oumuamua de la trayectoria que
le marcaba la atracción del Sol y sus
planetas y debía proceder de gases
expulsados por el objeto. “Este movimiento
es consistente con el comportamiento
de los cometas, que pueden ser propulsados
por el gas que liberan”, señalan los autores.
Los investigadores consideran que esta
es la explicación más plausible para el
comportamiento de Oumuamua,
que se desplazaba “como un cometa en miniatura”.
Además del tamaño, que es de 800 metros
de largo frente a los 25 kilómetros
del 67P/Churyumov-Gerasimenko, el cometa
que visitó la sonda Rosetta, hay otros factores
que lo diferencian de los habitantes
de nuestro sistema planetario. “Los cometas
tienen actividad gaseosa o de emisión
de polvo, al menos en alguna fase
de su órbita, pero eso no parece que exista,
o al menos que se observe, en este objeto”,
apunta Pedro Gutiérrez, investigador
del Instituto de Astrofísica de Andalucía
del CSIC. “Pero el análisis confirma que
hay emisión de gas y polvo, aunque
el polvo debe tener unas características
muy concretas”, añade. Los autores plantean
que la ausencia de pequeños granos,
una baja cantidad de polvo con respecto
al hielo o cambios en la superficie del cometa
durante su largo viaje pueden explicar
que no se observe una cola.
Parece que los datos recogidos
hasta ahora no serán suficientes
para comprender del todo la naturaleza
de Oumuamua. “Sus rasgos podrían
tener explicación en el distinto entorno
de la estrella donde nació y los efectos
de su viaje a través del espacio interestelar”,
señala Helena Morais, astrónoma
de la Universidad Estatal Paulista
(Brasil). “Es probable que las propiedades
físicas de objetos tan extraños no sean
las mismas de los que se han formado
en nuestro sistema solar”,
continúa. Los autores
del artículo que hoy publica
Nature reconocen
que revelar la naturaleza física
de Oumuamua sin ambigüedades
requeriría observaciones in situ,
con naves espaciales sobrevolasen
el objeto. Dada la velocidad a la que
surcó nuestro sistema solar este primer
visitante, la tarea parece complicada.
"Como los objetos interestelares
son tan rápidos, creo que sería muy difícil
lograr poner una nave espacial en órbita
en torno al objeto, como hizo Rosetta
con su cometa", señala Micheli. "Sería
más probable realizar un sobrevuelo,
solo una pasada rápida junto al objeto,
pero que aún así sería extremadamente
útil". El investigador de la ESA reconoce
que "construir desde cero una nave
después de descubrir otro objeto
interestelar requeriría demasiado
tiempo, así que supongo que la única
opción sería tener uno listo para lanzarlo
cuando se necesite". "Mi esperanza
concluye Micheli— es que en el futuro,
con más y mejores telescopios inspeccionando
el cielo, el descubrimiento de objetos
interestelares podría volverse más habitual
haciendo más fácil planificar una misión así".

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